miércoles, 29 de noviembre de 2006

Mea culpa

Una de las tiras de Mafalda que siempre vuelve a mi memoria, aunque seguramente bastante distorsionada por los engaños del olvido, es aquella en la que Susanita le dice a Mafalda que ella de grande trabajará para ayudar a los pobres, organizando fiestas benéficas en las que los invitados comerán pavo, ciervo, perdices y caviar para comprarle a los pobres “arroz, fideos y porotos y todas esas porquerías que comen ellos”. Es por eso que siempre pensé que la caridad pública es mejor que la privada. Pero bastante igual a Susanita me siento yo hoy después de comprarle a mi hijito mayor su regalo de cumpleaños apoyando a éste proyecto.

Lo único que espero para tranquilizar mi conciencia es que el aparato termine convirtiéndose en un objeto de colección, venderlo en subasta por diez veces más de lo que pagué por él y donar toda la plata que resulte a la misma organización.

¡Ay! Y todavía no se lo dije a mi marido.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Ahora lo sé


En éste lugar, que parece ser la página web de alguna ONG libertaria –en el mundo actual hay espacio para todos, aparentemente– se encuentra el test político más cortito del mundo. Se tarda tres minutos en responderlo y la verdad es que yo me siento bastante bien ubicada. En el centro perfecto en cuanto a cuestiones económicas, pero más liberal que el centro en cuestiones personales-políticas. A partir de ahora me auto-otorgo el derecho de dar una opinión equilibrada sobre cualquier tema que se me ocurra. Para empezar digo que este test tiene un leve sesgo norteamericano, lo que hace que uno parezca más de izquierda de lo que en realidad es, especialmente en cuestiones económicas.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Impresionada

Si uno busca en Google casamiento entre un marroquí soltero y una argentina divorciada también puede terminar por aquí.

A lo mejor es una trivialidad, pero tengo que confesar que cuando pasan estas cosas me siento un poco realizada. ¿Qué habrá pensado encontrar la persona que lo buscó? ¿Habrá sido el marroquí? ¿O la argentina? ¿Los dos juntos? ¿Qué historia habrá detrás del casamiento entre el marroquí soltero y la argentina divorciada?

lunes, 13 de noviembre de 2006

Señales de infidelidad

El juego del post anterior es un juego estático, porque todo sucede en un momento determinado y se termina ahí, y con información completa, porque todos los jugadores tienen toda la información que tienen que tener para jugar de la mejor forma posible. La vida real, para tranquilidad de los amantes de las emociones y gran preocupación de los conservadores, no es así, por supuesto. En la vida real la gente se pasa unos cuantos años de su vida probando y eligiendo hasta que al final toma una decisión, que en una alta proporción de los casos no es la mejor de todas porque uno termina comprando gato por liebre, como lo indica el número de divorcios.

Yo creo que un juego de señales es un buen punto de partida para analizar algo así. Un juego de señales es un juego de información imperfecta o incompleta que sucede en varios tiempos. En el juego hay dos participantes o agentes, un emisor y un receptor. El emisor puede ser de varios tipos, aspecto que está determinado por la "naturaleza" y sólo él sabe de qué tipo es. El emisor elige hacer algo para enviarle al receptor una señal que puede darle a éste una pista para averiguar de qué tipo es aquel (el emisor), pero también puede confundirlo. Una vez recibida la señal, el receptor elige un curso de acción que tiene consecuencias para los dos participantes, que entonces reciben el premio o pago, con lo que el juego llega a su fin. En algunos juegos enviar la señal cuesta algo, en otros no y entonces se habla de cheap-talk games o un juego en el que hablar no cuesta nada. En este vamos a suponer que emitir la señal no es gratis, pero eso se podría revisar, si les parece más adecuado.

En este caso vamos a imaginarnos que hay dos jugadores, pero que los dos son emisores y receptores a la vez. Los jugadores pueden ser de dos tipos: fiel o infiel, pero sólo ellos saben si son fieles o infieles, el otro lo tiene que descubrir, o por medio de la señal, o cuando las cartas ya están echadas al fin del juego. También vamos a imaginarnos que el tipo fiel tiene más posibilidades de atraer a las personas del sexo opuesto, ya que tanto los fieles como los infieles se sienten atraídos por los fieles, por una razón u otra. Como el fiel corre con ventaja, ya que la fidelidad seduce de por sí, el jugador de tipo infiel tiene que hacer un esfuerzo extra para mostrarse atractivo. Ese esfuerzo extra podría ser, por ejemplo, aprender a bailar, aprender tres o cuatro idiomas extranjeros, aprender a mentir, interesarse por la forma de pensar del otro, convertirse en experto en un tema determinado, o simplemente simular que se es fiel, renunciando por un tiempo más o menos largo a tirarse una cana al aire. Préstese atención al hecho que para el auténtico fiel no hay ningún problema en ser fiel, al único que le resulta difícil y costoso es al infiel.

El juego podría formalizarse mejor, pero yo acá no tengo ganas y además voy a terminar aburriéndolos a todos, pero podemos imaginarnos las combinaciones resultantes. La primera combinación es la de un fiel con otro fiel. Estos, pasadas todas las otras pruebas de atracción indispensables (olor atrás de la orejita, temperatura de la piel, intereses comunes, etc.), terminarán juntos y se serán fieles por toda la eternidad viviendo felices y comiendo perdices.

Una segunda combinación es la de un fiel con un infiel al que le compensó el esfuerzo de hacerse pasar por fiel. En este caso el infiel habrá convencido al fiel de la eternidad de su amor y posiblemente hayan formado una pareja. Después de unos pocos o muchos años, determinados a su vez por la sagacidad del fiel, el infiel mostrará la hilacha para desconsuelo y desesperación del engañado que a esa altura de la vida habrá invertido tanto en esa persona que le será realmente duro superar la desilusión y el desengaño.

La tercera combinación posible es la de un fiel con un infiel al que hacer el esfuerzo de hacerse pasar por fiel le resultó demasiado gravoso. Aquí el fiel no pierde demasiado tiempo a no ser que sea un empecinado y crea que va a conseguir que el infiel se convierta en fiel, pero eso del empecinamiento ya nos convierte a este juego en otro juego y lo complica demasiado. El infiel por su parte va a tener que seguir buscando a quién atraer con sus pobres dotes seductivas o seguir invirtiendo en mejorarlas.

Por último, la cuarta combinación sería la de un infiel con otro infiel. Estos dos se lo pueden pasar bastante divertido si ninguno de los dos es celoso –se puede ser infiel y celoso a la vez, señores– y tomárselo con calma. Pero en caso de que alguno de los dos lo sea tendremos drama, comedia y telenovela durante unos cuantos años, porque aunque dicen que los opuestos se atraen, la dosis de adrenalina que provocara este encuentro de semejantes los mantendrá enganchados por déficit de aburrimiento. Esta combinación ya crea un juego de por sí, lo que dejo pendiente como extensión del modelo.

Se puede reemplazar lo de fiel por alguna otra virtud que convierta a las personas en atractivas, matrimonialmente hablando.

martes, 7 de noviembre de 2006

Nash y el casamiento

Este post se originó en el blog de Ulschmidt, un señor que adjudica su exceso de imaginación a la ingestión regular de un cierto brebaje al que él le asigna el nombre de "torrontés" y al que afirma mantener guardado en la heladera junto a algo a lo que llama "matambre". Si alguien pasa por la casa de este señor, por favor intenten averiguar la composición del susodicho brebaje y mandármela, porque yo estoy muy interesada en probarlo.

En fin, a Ulschmidt se le dio por reírse un poco -¡y no sólo una sino dos veces!- de la Teoría de los Juegos, una herramienta bastante poderosa que se utiliza mucho para analizar fenómenos sociales, políticos y económicos de diversa laya, y a mí, que hace unos cinco o seis años seguí un curso en esa Teoría que me hizo vislumbrar el límite de mi capacidad de abstracción, no se me ocurrió mejor idea que dar ejemplos en los comentarios de dos posibles aplicaciones. Una, el equilibrio de Nash aplicado al matrimonio, la otra una versión de un juego de señales aplicada a la infidelidad. Como el resto de la tertulia pareció muy interesado en los temas, me veo obligada a presentarlos aquí con un poco más de detalle.

Nash, el equilibrio y el divorcio
Parece ser que Nash demostró en 1950 que todo juego con un número finito de participantes, que a su vez siguen un número finito de estrategias, tiene por lo menos un Equilibrio de Nash. Un Equilibrio de Nash es una combinación de estrategias dominantes, lo que quiere decir que todos los jugadores juegan de la mejor manera posible sabiendo que todos los demás jugadores también van a jugar la mejor estrategia posible. Este tipo de equilibrio es estratégicamente estable, lo que quiere decir que una vez alcanzado ninguno de los participantes tiene ganas de cambiar de plan.

En este caso en particular vamos a imaginarnos un juego con un número fijo de participantes repartidos en dos grupos iguales de hombres y mujeres, todos con intenciones de casarse. Para evitar problemas y no complicar demasiado la cosa vamos a suponer, además, que todos los participantes son heterosexuales y que todos están interesados en casarse. Si a alguien no le gustan los supuestos, armen otro juego, este se juega así, que tanto. El asunto es que ahí tenemos, por ejemplo, veinte hombres y veinte mujeres, todos con la estrategia de casarse con el soltero que más les guste. Imaginémonos que entre las veinte chicas está Heidi Klum y entre los veinte chicos Freddy Ljundberg y que Heidi y Freddy se encantan. Ya está ¡una pareja formada! Una de las ventajas que tiene esto es que sobre gustos no hay nada escrito, así que no es seguro que a los veinte chicos les guste la misma chica, pero de todas formas podríamos pensar que varios chicos preferirán a la misma, que a su vez podrá elegir al que más le guste y, si éste la rechaza, al segundo, y así. Después de un rato, todas las parejas estarán formadas y todos habrán conseguido casarse con el mejor partido disponible.

Así se arriba al Equilibrio de Nash, como éste es estable por definición, como vimos más arriba, y los participantes no tienen ningún motivo para cambiar de estrategia, una vez que todo el mundo está casado nadie tiene ninguna motivación para divorciarse. Sí señores, en un Equilibrio de Nash no existe el divorcio, la gente se casa para siempre porque es la mejor estrategia posible.

En el juego que vimos recién hay un problema y es que estamos suponiendo que todos los participantes tienen, en el momento de hacer su elección, toda la información necesaria para decidir, lo que por supuesto es una tontería. Por eso es mejor usar juegos con información incompleta para analizar esas cosas, pero si sigo este post se va a hacer demasiado largo, así que mejor lo dejamos para otro día.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Más industria textil

El hincha no es yo, es nosotros. El hincha no dice "hoy juega mi equipo", dice "hoy jugamos". Todas las semanas abandona su rutina individual para transformarse en un yo plural en un estadio que, más que campo deportivo, es un templo. Un templo de una religión que no acepta desertores. El hincha puede abandonar al amor de su vida, puede dejar de creer en Dios, puede cambiar hasta lo más íntimo de su ser. Pero nunca va a cambiar el amor, la fe y la devoción por su club. El hincha es eternamente fiel. El hincha es un fundamentalista que no acepta argumentaciones porque la razón no importa. Importa El Sentimiento. No vale la pena intentar explicar la pasión. Porque sino todos serían hinchas del club que más partidos gana. El hincha deja de ser yo y se transforma en nosotros mucho antes de llegar al templo. Es tan fuerte la influencia de esa fuerza sobrenatural que el hincha ya se siente parte muchas cuadras antes de llegar. Tiene todos los elementos necesarios para el ritual: matracas, cohetes, tambores, papel picado, serpentinas. Y los Trapos. Y las canciones de la misa. Canciones de fidelidad eterna, de muerte al enemigo, de insultos a la cobardía y la falta de talento del rival. No hay tonos grises. Por más que haya muchos colores en las canchas, todo es blanco o negro. Estamos nosotros y están ellos. Y Nosotros somos los mejores. Ellos son tramposos. Ellos compran a los árbitros. Ellos son los cobardes. Los pechofríos. Perdedores aunque ganen. Para eso está el hincha, para cantarle al mundo esas verdades. Para pegarle a la pelota sólo con las ganas y desviarla unos centímetros para que entre al arco. Cuando el partido termina, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, comenta el partido. "Qué goles les metimos" o "Cómo nos robaron" de acuerdo con el resultado. Las luces se van apagando y el hincha, lentamente, mientras se aleja del templo, se va diluyendo hasta transformarse nuevamente en uno, hasta el próximo domingo, donde se volverá a encontrar con ese montón de desconocidos que él sabe que son sus hermanos.
–Autor desconocido (por ahora)
Inscripción descubierta del lado de adentro, impresa en letras casi transparentes, en otra de las remeras que se trajeron mis hijos de Argentina. La dejo acá porque en dos o tres lavados más, desaparece. Si alguien descubre que el que la escribió es Dolina, o Galeano, o Casciari, me cuenta.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Blog después de un lifting

¡Qué lindo quedó mi blog! Como todo buen lifting que se precie, éste ha sido bien discretito y quizás ni se den cuenta de que lo hubo, pero ahora creo que conseguí que este blog sea el más fácil de leer de la blogosfera, como me lo propuse allá lejos y hace tiempo. Todo empezó cuando hice el cambio a Blogger beta, que ofrecía la oportunidad de hacer un cambio de plantillas. Como el cambio hacía que todo quedara medio despatarrado, preferí pasarme a beta sin cambiar la plantilla y recién hacerlo en estos días en que tuve más tiempo. Al final tuve que meterme con el código y, como yo de esas cosas no sé mucho, jugar a prueba y error, hasta que al final le descubrí los trucos. Ahora sí, quedó como yo quería, todas las letras del tamaño que quiero en los lugares que quiero y un tipo de letras, el Bookman Old Style, que me parece súper fácil de leer. Me parece que las nuevas plantillas son más flexibles y permiten más cosas que las de antes, por lo menos pude cambiar las letras y los márgenes, lo que antes no podía.

Mientras lo hacía, escuchaba la reedición de De Ushuaia a La Quiaca que se hizo para celebrar los veinte años de la primera edición. Si algún día se creara el Nobel de la Música, yo nomino a Gieco y Santaolalla nada más que por haber hecho esta obra. Disfruten.


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sábado, 28 de octubre de 2006

El gato, el desamor y la muerte

En uno de esos pocos momentos en la vida en los que me sentí lo suficientemente segura de mí misma como para emitir arrogantes juicios sobre otra gente (deben haber sido dos, uno a los diez años y otro a los treinta), tuve una experiencia a la que podría llamar reveladora.

Una pareja de amigos hacía una fiesta con muchos invitados entre los cuales estaban los padres de ella. El padre, un señor muy simpático y alegre aunque un poco simplón, estaría, supongo, un poquito más alegre que de costumbre debido a que la fiesta estaba bastante bien regada, como toda buena fiesta que se precie. La madre, una señora también muy simpática, pero del tipo ácido, esas señoras que consiguen que uno se ría bastante cada vez que abren la boca y largan algún comentario aparentemente inocente pero en realidad terriblemente incisivo. Esa noche, en el apogeo de la fiesta, él la invitaba a bailar con toda dulzura y ella lo rechazaba una y otra vez con una terrible cara de culo.

En un primer momento yo me imaginé que ella estaba enojada porque él estaba borracho, pero después de un rato me di cuenta que no sólo él no estaba tan borracho como para que ella se enoje tanto, sino que, además, lo de ella daba la impresión de ser algo de bastante larga data, una especie de rencor, o de desprecio, que llevaba años acumulándose.

En ese entonces yo estaba embarazada de mi primer hijo y para mí la vida en ese momento, como toda mujer que haya pasado por la misma experiencia sabe, era nada más que paz y amor, por lo que esa especie de revelación me dejó bastante mal gusto en la boca. ¿Qué hace que una mujer trate tan mal a su marido después de un tiempo? ¿Los muchos años de convivencia? ¿Alguna ofensa imperdonable pero que sin embargo no justificó el divorcio? ¿El aburrimiento? ¿La desilusión? ¿La falta de compañerismo? ¿Frustraciones personales proyectadas en el otro? Y lo peor de todo ¿También yo iba a terminar haciendo lo mismo veinte años más tarde?

Todo esto viene a cuento porque acabo de terminar de leer la primera novela belga que leí en los últimos dos años, Le chat de George Simenon. Simenon es un escritor belga terriblemente prolífico y supongo que el escritor belga más famoso antes que apareciera la también prolífica Amélie Nothomb. Le chat es una preciosa novelita que nos cuenta la historia de dos viudos que se encuentran, se casan y se van a vivir juntos a la casa de ella, aunque en realidad no se aguantan. Como los dos personajes no se dirijen la palabra, la historia está contada principalmente desde el punto de vista de él y aunque nos encontramos con ellos cuando ya tienen más de setenta años, la novela nos va llevando hacia atrás y hacia delante por medio de sus recuerdos y de sus experiencias. Cuando empecé a leerla, un poco shockeada por el trato que se prodigaban, yo me preguntaba ¿Por qué si los dos eran viudos volvieron a casarse? Y después... ¿Qué necesidad tenían de seguir juntos?

Simenon nos va dando todas las respuestas de a poco, casi con cuentagotas. Durante el transcurso de la novela, se van respirando distintos ambientes. Un ambiente gélido al principio, lleno de desprecio y desconfianza, deja paso a unas escenas de mucha intensidad y muy violentas hasta que todo se calma cuando él se va de la casa. Uno disfruta junto con el viejo de ese período de casi felicidad en la primavera parisina, hasta que ella vuelve a aparecer y, sin mediar palabra alguna, lo convence para que vuelva con ella. De alguna forma se necesitan, aunque no se quieran, quizás sólo para no estar sólos en el momento de morir, porque la novela termina siendo, al final de cuentas, las reflexiones sobre el amor, el desamor, la vejez y la muerte de un escritor que a esa altura, y después de una vida tan intensa que a mí me cuesta imaginarla, se iba empezando a poner viejo.

domingo, 22 de octubre de 2006

Más música

Fin de semana agitado, gracias, entre otros, a Partyanimal, al que visito todos los viernes a la mañana para ver que pasa en BRU durante el fin de semana. Este viernes me enteré que había otra vez concierto de Ojos de Brujo, grupo que me había quedado sin ver unos meses atrás y, encima, en la Ancienne Belgique, una de mis salas preferidas para escuchar música en esta ciudad. Aprovechando que él siempre tiene mucho cuidado en poner todos los links necesarios, me fui derechito a la página web a comprar las entradas para toda la familia.

Lugar raro, la Ancienne Belgique. El nombre es francés, pero uno llega ahí y toda la gente que trabaja habla en flamenco, lo mismo que la mayoría del público. Además, los folletos, revistas, postales y todo el material gráfico y/o publicitario que uno se puede llevar a su casa sin pagar también están en flamenco. Lo mismo está pasando con Flagey. Uno llega a esos lugares, completamente analfabeto en esa lengua y se siente un poco raro y hay que hacer un esfuerzo, casi, para decidirse a hablar en francés y pedir las entradas o algo para tomar. Pero las dos salas son perfectas para ir a conciertos y, además, eso hoy no fue ningún problema ya que el idioma que más se escuchaba en el lugar era éste en el que escribo y el flamenco esta vez no era un idioma, sino una música.

Al final, terminé yendo sin marido pero con una invitada de once años, además de mis dos hijos. En algún momento del concierto me puse a pensar en lo estimulados que están los chicos de esta época comparados con los de mi generación. Y se me volvieron a ocurrir las dos ideas que siempre vuelven cuando pienso en ese tema. Una es la preocupación por saber si el cerebro les dará a los pobrecitos para poder digerir tantos estímulos y tanta información. La otra es la pregunta que me hago siempre sobre quién y cómo sería yo hoy si hubiera recibido, en mi infancia y adolescencia, esa misma cantidad de estímulos y de esa calidad. Porque hay que terminar este post diciendo que los Ojos de Brujo son realmente impresionantes y que el concierto de hoy quedará en la memoria de esos tres nenes como una de esas experiencias musicales que a mí, a esa edad, me hubieran dejado completamente maravillada y con el cerebro más abierto.

domingo, 15 de octubre de 2006

Música del mundo

No creo que sea ninguna novedad para la gente que pasa por acá que Dinamarca y la immigración son dos conceptos que no consiguen conciliarse completamente. La sociedad danesa no está organizada para recibir demasiados immigrantes demasiado distintos, los immigrantes que hay no son los que mejor se adaptan a una sociedad como la danesa y así se crea un círculo vicioso que es bastante difícil de romper. Pero en medio de tanta miseria hay una historia casi luminosa: la banda danesa con más repercusión internacional en este momento se llama Outlandish y está formada por un paquistaní, un marroquí y un hondureño de segunda generación. La música que hacen es uno de esos mestizajes culturales que a mí me dejan alucinada.


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sábado, 7 de octubre de 2006

(de) Colorado

La industria textil argentina tendría que revisar, a esta altura del siglo XXI, su tecnología colorante.

(Reflexión de la madre al vaciar el lavarropas en el que se le había extraviado remera roja con efigie del Che Guevara comprada por su hijo mayor en Buenos Aires durante el mes de agosto).

martes, 3 de octubre de 2006

Voto obligatorio

A mí, como a Josepepe, me encanta votar. Me encantan los días de elecciones, ese clima de fiesta cívica que se vive durante los días previos, después de que cierran las campañas electorales, y mientras se vota; la tensión y la expectativa que se sienten desde que cierran las urnas hasta que se conocen los primeros resultados; la sensación de fiesta, catarsis, y también desilusión, por supuesto, que se van viviendo a medida que los resultados se hacen más seguros y se empiezan a hacer especulaciones sobre cómo se va a formar el gobierno electo. Me gusta todo eso desde las primeras elecciones que me acuerdo, un once de marzo hace ya unos cuantos años en el que todavía no tenía derecho de voto.

Pero desde que me fui de Argentina no tuve demasiadas oportunidades de ejercer mis responsabilidades ciudadanas. Antes, los argentinos emigrados no podíamos votar desde el exterior. Ahora sí podemos, pero me desacostumbré y me sentiría un poco irresponsable si me pusiera a votar por el presidente argentino. Como inmigrante en Europa, uno obtiene bastante pronto el derecho a votar en las elecciones locales, aún sin nacionalidad europea. Pero además, una vez que uno tiene su pasaporte comunitario, adquiere el derecho de voto europeo, lo que quiere decir que puede votar en las elecciones del Parlamento Europeo y las comunales del país en el que reside.

Este domingo hay elecciones comunales en Bélgica. Para votar hay que registrarse, lo que es voluntario, pero una vez que uno se registra está obligado a votar para siempre. Eso hace que muchos extranjeros en Bélgica se resistan a registrarse, porque no les gusta el voto obligatorio. Yo no, a mí me encanta votar y cuanto más me obliguen, mejor.

Aunque esta vez lo mejor de todo es la cara de felicidad que ponen los belgas cuando uno les cuenta que se inscribió para ser coaccionado a participar en su vida en democracia.

martes, 26 de septiembre de 2006

El mercado del sexo, reloaded

Este post se originó en el blog de Los Tres Chiflados, en un post que escribió Larry. Empecé a hacer un comentario y se me terminó yendo la mano, así que lo dejo por acá. En realidad, y como ustedes bien deben saber, en la población humana nacen más chicos que chicas, leí una vez que la proporción es 1015 bebés cada 1000 bebas. Yo tengo la impresión que ese número es más o menos variable y depende de catástrofes, guerras, pestes, hambrunas, etc. Es decir, la naturaleza va poniendo todo en orden con su sabia mano invisible.

Los seres humanos de sexo masculino son, por alguna misteriosa razón que se me escapa, menos resistentes a la vida que los de sexo femenino, ya desde que están en la barriga de su madre. En su más tierna infancia los atacan la tos convulsa, la muerte súbita y diversas pestes endémicas. Más adelante, desarrollan modelos de conducta más arriesgados que los de las nenas, por lo que su propensión a caerse de un árbol y romperse el cuello es un poco más elevada que la de ellas. Después aprenden a manejar, se emborrachan y manejan en ése estado, se dedican a actividades delictivas varias, se van de parranda con los amigos a lugares poco aconsejables, dan la vuelta al mundo solos, se tiran en paracaída o hacen aladeltismo y así.

En resumen, a eso de los 30-35 años, hay más mujeres que hombres en una cohorte. Ni qué decir que seguramente los que se mataron haciendo aladeltismo eran de los más atractivos sexualmente, lo que implica, a su vez, mayor habilidad reproductiva, por lo que a esa edad en que las mujeres inteligentes y educadas quieren casarse, hay una escasez de hombres bárbara. Este posiblemente sea el origen del mito de las siete mujeres para un solo hombre.

Lo que a mí me llama la atención del cuadro que presenta Larry es que parece ser que en Argentina el momento en que las mujeres se hacen más numerosas que los hombres parece estar adelantado con respecto a otros países. Lo que podría significar dos cosas: o los argentinos son menos resistentes a las enfermedades que los nativos de otros lugares, o tienen costumbres de mayor riesgo, entre las que incluiría la de manejar peor y matarse más en accidentes de tránsito.

En realidad, quizás no sea más que un resultado del aumento terrible de la pobreza en las últimas décadas, que tuvo a su vez como resultado un aumento en la mortalidad infantil que, como dije antes, afecta más a los varones.

En todo caso, el resultado final parece ser que encontrar marido en Buenos Aires se parece a eso de la aguja en el pajar o a lo del camello en la aguja o algo de agua en el desierto que no me acuerdo muy bien cómo era. Al final van a terminar siendo un bien escaso y los vamos a tener que pagar por buenos.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Esa loca esquiva

Dicen los que saben que la felicidad de un ser humano es un fenómeno que puede ser representado por un proceso estocástico estacionario. Lo de estocástico o, lo que es lo mismo, aleatorio, quiere decir que el fenómeno está pura y exclusivamente determinado por el azar. Lo de estacionario nos dice que uno puede ser muy feliz, o muy infeliz, en un momento cualquiera de su vida, pero que a la larga retorna a su nivel promedio de felicidad, al que yo llamaré nivel de felicidad crucero.

El nivel de felicidad crucero se verá afectado por shocks que pueden ser negativos o positivos, según las diferentes circunstancias de la vida que a uno le toque atravesar, que serán de mayor o menor magnitud, según la importancia del shock y serán, además, más o menos persistentes, según la situación inicial del individuo en cuestión y su nivel de tolerancia o sensibilidad a los shocks, sean éstos de felicidad o de desgracia.

Así, en nuestra infancia, por ejemplo, hacer la primera comunión nos produce durante algunos días una felicidad inefable, hasta que se desvanece en nuestras papilas gustativas el gustito a limón del merengue de la torta y nos damos cuenta de que ya no vestiremos más ese vestidito blanco primoroso hecho por nuestra abuela. La infelicidad causada por la mudanza de nuestra primera amiga más querida va desapareciendo poco a poco, al tiempo que recrutamos nuevas amigas.

Ésos son los shocks finitos. Hay otro tipo de shocks a los que se podría llamar memoriosos o persistentes. Ejemplos que se me ocurren ahora son la separación de los padres de uno o la llegada de un hermano, cuando uno es chico; encontrar al amor de tu vida, tener un hijo, o terminar de escribir una tesis doctoral, más adelante. O que tu marido te deje por una quince años más joven a los cincuenta. Creo que este tipo de shocks, mal absorbidos, pueden llegar a tener efectos estructurales y a cambiar para siempre el nivel de felicidad crucero, aunque del todo segura no estoy.

Como la aparición y la frecuencia de los shocks están manejadas nada más que por la suerte, pueden pasar años sin que se presente ninguno, lo que nos hará vivir unos años bastante aburriditos, o pueden aparecer todos de golpe en un corto período de tiempo, lo que nos llevará a tener una época por demás emocionante, para bien y para mal.

Lo más emocionante de todo es una sucesión de shocks positivos y negativos en pocos días, pero tiene la consecuencia de hacer que uno se quede tambaleando, sin saber muy bien dónde está parado, y puede, quizás, tener consecuencias funestas para el desarrollo futuro del individuo si esto sucede a edades tiernas, o provectas, o clásicamente problemáticas, como los múltiplos de siete o todas las terminadas en cero.

Se pueden hacer una mejor idea de lo que trato de describir acá. Gracias por la paciencia.

viernes, 8 de septiembre de 2006

La vida vendaval

Y a veces uno está ahí, lo más tranquilo y acurrucadito en su rincón tratando de imaginarse qué es lo que va a hacer durante la mitad menos emocionante de su existencia, y de repente se aparece la vida y empieza a sacudirlo. Primero le hace creer a uno que todo es posible, por ejemplo empezar de nuevo, o revivir antiguas emociones, o sentir que un sueño que llevaba cinco años al fin se empezaba a convertir en realidad. Y a uno le cuesta creerlo, pero al final sí. Y planifica, sueña, imagina cambios, organiza distinto, hasta se asusta un poco.

Pero al final resulta que no. Y después de tanta sacudida uno termina por ahí, tirado en otro rincón, como un harapo.

El otro día leí una entrevista a un escritor italiano al que me prometí leer, donde decía que uno no tiene que escribir en este estado. No sé si me gustaría hacerle caso, aunque me parece que tiene razón.