Mostrando las entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de enero de 2008

Vaciando mi casa

Después de cinco años de no tirar nada y cuando ya las cosas viejas nos inundaban, llegó el momento de ordenar, clasificar, guardar lo que vale la pena guardar y tirar el resto.

Entre el resto, había una colección de cassettes donde el más viejo (que guardé, por supuesto) tenía casi treinta años. ¿Cómo tira uno la música que lo acompañó durante todo ese tiempo? Hubo que hacerlo de a dos. Si no, era demasiado irresponsable.

Entre las otras cosas que guardé, estaba esta canción.


Para mí, la más linda del mundo y, acá, en una versión maravillosa.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Porteño en el alma

Mi nene grande está escuchando tangos. Todo solo. Me lo encuentro a la mañana escuchando "Anclao en París" mientras mira por la ventana poniendo su mejor cara de sentimental.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Descendiente de argentinos

Mi hijo mayor está engripado, no va a la escuela y, en el medio de su embotamiento lleno de mocos y dolor de garganta, mira más televisión de la recomendable. Llego a casa y me cuenta que vio en MTV a una rapera francesa que canta sobre la Argentina. Y entonces la descubrimos juntos.

Keny Arkana, medio francesa, medio argentina, una jovencita furiosa y militante, una rapera de protesta, la nueva poetisa del rap francés, nació en Marsella en 1983, hija de una francesa y un argentino. Rebelde desde chiquita y con una infancia difícil, se va de su casa muy temprano, pasa su adolescencia de asilo en asilo y es ahí donde empieza a rapear a los trece años para sus compañeros de instituto.

En general, el rap es un género bastante machista, hay muy pocas chicas raperas y las que hay son bastante masculinas. Pero Keny es un poco distinta con su aspecto frágil y unas letras que insisten en denunciar las injusticias de la globalización y que se destacan por su sensibilidad, su poesía y una forma un poco rabiosa de ver las cosas aunque sin cargarlas de demasiada ideología.

Me encantó el video que me mostró mi hijo y descubrir, cuando empecé a averiguar más sobre esta chica, que es descendiente de argentinos.



Ah, y por ahí aparece la camiseta de la que hablábamos acá.

lunes, 10 de septiembre de 2007

27 años no es nada

Hasta hace poco, yo tenía una pequeña lista de estrellas de rock a los que quería escuchar en vivo. Por esas cosas que tiene la vida, la lista quedó completamente vacía este año, ya que un poquito después de los Rolling Stones, a los que ya había visto hace unos años en Copenhague, pasó Lou Reed por Bruselas y justo mi penúltimo día de vacaciones, en una conjunción de casualidades de lo más improbable, conseguí ver al único grupo que no creía posible ver jamás reunido, mi banda preferida de los ’80.

En una época yo solía decir que tenía una banda preferida de los ’60, otra de los ‘70 y otra de los ’80. A partir de los ’90, ya no fui capaz de elegir nada y además el tema dejó de importarme. En cuanto a la clasificación por décadas, también dejó de tener sentido cuando los Rolling Stones volvieron a reunirse y a recorrer el mundo. Dicen que mi grupo preferido de los ’70 mejoró con los años, pero yo nunca lo descubrí. Por alguna extraña razón, nunca estuvo en mi lista de conciertos imperdibles.

Mi banda preferida de los ’80 pasó por Buenos Aires demasiado temprano, los ’80 apenas habían empezado y yo todavía no iba a conciertos de rock. Lo peor de todo fue que una de mis compañeras de colegio tenía entradas gratis para el concierto que dieron en una discoteca famosa de la época y no sé porqué ese fin de semana no nos pusimos de acuerdo para ir. No paré de arrepentirme durante años. Cada vez que releía una reseña de esos conciertos de diciembre de 1980, el fin de semana después de que mataron a John Lennon, me daban ganas de volver el tiempo para atrás. Pero la vida da vueltas de lo más raras. Al igual que muchos otros veteranos, este año The Police volvió al ruedo y su paso por Dinamarca coincidió exactamente con el mío.

¡Claro que no me los iba a perder! Y menos con mis dos hijos insistiendo para comprar entradas. No podríamos haber estado en Aarhus ni el día anterior, ni el día después, sólo ese medio día que incluyó cena en casa de unos amigos y otra vez concierto en un parque, esta vez en una nochecita húmeda y fría de principios de septiembre, equipados con medias de lana, botas de goma, bufanda y guantes, pisando un césped bien mojadito después de un verano completo de lluvias y con un cielo que amenazaba lo peor.

Tengo que reconocer que yo llegaba a ese concierto con mucho escepticismo. Después de 27 años de esperarlo y de haber visto unos videos por la tele de unos ensayos que no me convencieron para nada, iba preparada para cualquier desilusión. Creo que lo peor hubiera sido que tocaran todo exactamente igual que en los ’80, o que todo fuera una farsa mecánica destinada a llenar las arcas de tres músicos decadentes.

Por suerte, no fue así. Aunque los tres maduros caballeros ya no exhiben todo el glamour artificialmente rubio de los ’80, cuando nos tenían a todas las teenagers de la época completamente embelesadas, de decadentes no tenían nada. Bueno, sí, al bajo de Sting se lo veía un poco descascarado, como si estuviera usando el mismo que usó durante los últimos treinta años, no tuviera plata para comprarse otro o le tuviera muchísimo cariño al que tiene.

Todo era felicidad en el concierto, tanto sobre el césped, donde la presencia de un montón de cuarentones contentos le daba onda a la cosa aunque a mi hijo mayor le hace decir que lo aburrido de ir a estos conciertos de artistas veteranos es que los espectadores son todos viejos y no bailan –como si bailaran más en los conciertos de Xzibit o cualquiera de esos raperos raros a los que los suelo acompañar–, como sobre el escenario, donde a Sting se lo veía reírse todo el tiempo en compañía del legendario Andy Summers y del legendario Stewart Copeland (sic), al legendario Andy Summers se lo veía tocar la guitarra sin parar de sonreír y el legendario Stewart Copeland se escondía detrás de un enorme par de anteojos, una vincha en el pelo y una cantidad de aparatitos electrónicos que le otorgaban un aspecto bastante estrafalario.

En su composición más simple, sin vientos, sin coros y sin teclados, tocaron todos y cada uno de sus clásicos y unas versiones preciosas de algunas de las canciones menos conocidas, mis preferidas de la noche fueron Wrapped Around Your Finger a la que Stewart Copeland llenó de campanitas, cascabeles, platillos y hasta un gong y Walking In Your Footsteps, el cuento de los dinosaurios que se extinguen. La primera vez que se fueron terminaron, como no podía ser de otra manera, con Roxanne, al volver tocaron tres o cuatro canciones más dándole al fin el gusto a mi hijo mayor con Next To You.

Y yo también me dí el gusto, después de 27 años. No creo que haya sido exactamente lo mismo, pero fue un buena compensación.

miércoles, 6 de junio de 2007

It's Only Rock N' Roll

Una de las debilidades de esta señora es escuchar a los Rolling Stones. A veces pasa mucho tiempo sin hacerlo, pero es suficiente con que escuche por ahí una de sus canciones para que no pueda dejar de escucharlos hasta tener bien harta al resto de la familia. Si me hacen elegir entre las dos grandes bandas de los ’60 no dudo ni un segundo, claro; los Rolling Stones. Así que cuando mis hijos alcanzaron la edad necesaria para ir a un concierto gigante me puse a esperar a que pasaran por acá para trasmitirles la afición. Lo que supuestamente iba a ser el 1º de junio del año pasado, hasta que Keith Richards se cayó del famoso cocotero y nos quedamos sin concierto. Como de costumbre, cada gira de los Rollings amenaza con ser la última y ya estábamos convencidos de que los habíamos perdido para siempre, sobre todo después que las impresionantes críticas del último concierto de la gira del año pasado, en Horsens, Dinamarca, así lo aseguraban. ¡El último concierto de los Rolling Stones en Horsens, de todos los lugares del mundo!

Pero no, quedaba por lo menos una gira más y ayer los Rolling Stones empezaron en Bélgica su próxima gira europea y bien encantados de ello, según dijo Mick Jagger en un francés bastante pasable que puso furioso a un grupo de flamencos militantes. Y aunque este año las entradas se pusieron en venta muy tarde, apenas 2 meses antes de la fecha del concierto, y yo ya estaba segura que se agotarían rapidísimo, no hubo ningún problema para conseguirlas. Las compré hace menos de un mes y parece ser que hubo entradas hasta último momento. Probable es que los belgas hayan tenido Rolling Stones suficientes este año, porque llevaban ensayando como dos semanas en Vilvoorde, un pueblito en las afueras de Bruselas.

El concierto de este año no era en el estadio de Bruselas, sino en el sitio donde se hace el festival de rock anual más grande de Bélgica, el Werchter Festivalpark, en pleno Flandes, a unos cuarenta kilómetros de acá. Pero llegar hasta allá nos llevó unas escandalosas ¡cuatro horas! debido al embotellamiento gigante que creíamos causado por algún accidente más o menos grave pero que al final resultó ser solamente por culpa del concierto. Igual, como nuestras entradas decían que el concierto empezaba a las cinco de la tarde, habíamos salido a las cuatro y llegamos a tiempo hasta para conseguir escuchar a los teloneros –nada menos que Van Morrison– mientras hacíamos un picnic sentados en el césped, disfrutando los 30 grados al solcito.

Por fin, un poco antes de las 10 de la noche y en medio de fuegos de artificio, llegaron las estrellas más grandes de la historia del rock. La primera imagen en la pantalla gigante fue la de Keith Richards, con su sonrisa de tiburón y los ojos marcados de delineador negro, en medio de la ovación de los 33.000 presentes. El concierto empezó con “Start me up” y siguió con “It's Only Rock N' Roll”, “Shattered”, “Paint It Black”, “Some Girls”, “Brown Sugar”, una parte bastante jazzy y un homenaje a James Brown por la segunda mitad del concierto, además de un intermezzo donde cantó Keith Richards, que explicó bastante bien porqué el cantante es Mick Jagger y no él. En el final, una parte del escenario se despegó y rodó hasta el centro del parque, muy cerca de donde estábamos nosotros. Desde ahí cantaron “Satisfaction” y una de mis preferidas, “Honky Tonk Woman”. No hubo ni “Angie”, ni “Let’s spend the night together”, pero no importó mucho, porque la gran finale fue con todo el escenario en una explosión de fuego y luces rojas y la mejor canción de la historia del rock.

Por la mitad del concierto le pregunté a mis hijos: “¿Quiénes son los mejores rockeros del mundo?” “Status Quo” me contestó el chiquito. Al final, creo que había cambiado de idea. Es que ayer no fue sólo rock n’ roll. Fueron los Rolling Stones.


powered by ODEO

miércoles, 21 de marzo de 2007

Nubes

La llaman "The bluest kind of blues" y en iTunes tienen más de 100 versiones distintas, en todos los ritmos y en todos los estilos imaginables. Todo buen guitarrista que se precie la quiere tocar. Esta versión yo la escuché en vivo el año pasado en uno de mis lugares favoritos. Éste es el compositor y éste el intérprete.

No se aconseja escuchar con el corazón roto.


powered by ODEO

martes, 6 de marzo de 2007

El hijo honrado del padre borracho

En el cuento de Ulschmidt en Siete Pecados, nos enteramos de un músico argentino que se hizo conocido por el mundo. Ulschmidt nos dice: "Al menos una canción de g. ha dado la vuelta al mundo - o por buena parte de él durante un buen rato - doy fé de ello". Creo que la prueba está acá. En una versión moderna de un grupo danés que ya presenté antes.



powered by ODEO

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Mea culpa

Una de las tiras de Mafalda que siempre vuelve a mi memoria, aunque seguramente bastante distorsionada por los engaños del olvido, es aquella en la que Susanita le dice a Mafalda que ella de grande trabajará para ayudar a los pobres, organizando fiestas benéficas en las que los invitados comerán pavo, ciervo, perdices y caviar para comprarle a los pobres “arroz, fideos y porotos y todas esas porquerías que comen ellos”. Es por eso que siempre pensé que la caridad pública es mejor que la privada. Pero bastante igual a Susanita me siento yo hoy después de comprarle a mi hijito mayor su regalo de cumpleaños apoyando a éste proyecto.

Lo único que espero para tranquilizar mi conciencia es que el aparato termine convirtiéndose en un objeto de colección, venderlo en subasta por diez veces más de lo que pagué por él y donar toda la plata que resulte a la misma organización.

¡Ay! Y todavía no se lo dije a mi marido.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Blog después de un lifting

¡Qué lindo quedó mi blog! Como todo buen lifting que se precie, éste ha sido bien discretito y quizás ni se den cuenta de que lo hubo, pero ahora creo que conseguí que este blog sea el más fácil de leer de la blogosfera, como me lo propuse allá lejos y hace tiempo. Todo empezó cuando hice el cambio a Blogger beta, que ofrecía la oportunidad de hacer un cambio de plantillas. Como el cambio hacía que todo quedara medio despatarrado, preferí pasarme a beta sin cambiar la plantilla y recién hacerlo en estos días en que tuve más tiempo. Al final tuve que meterme con el código y, como yo de esas cosas no sé mucho, jugar a prueba y error, hasta que al final le descubrí los trucos. Ahora sí, quedó como yo quería, todas las letras del tamaño que quiero en los lugares que quiero y un tipo de letras, el Bookman Old Style, que me parece súper fácil de leer. Me parece que las nuevas plantillas son más flexibles y permiten más cosas que las de antes, por lo menos pude cambiar las letras y los márgenes, lo que antes no podía.

Mientras lo hacía, escuchaba la reedición de De Ushuaia a La Quiaca que se hizo para celebrar los veinte años de la primera edición. Si algún día se creara el Nobel de la Música, yo nomino a Gieco y Santaolalla nada más que por haber hecho esta obra. Disfruten.


powered by ODEO

domingo, 22 de octubre de 2006

Más música

Fin de semana agitado, gracias, entre otros, a Partyanimal, al que visito todos los viernes a la mañana para ver que pasa en BRU durante el fin de semana. Este viernes me enteré que había otra vez concierto de Ojos de Brujo, grupo que me había quedado sin ver unos meses atrás y, encima, en la Ancienne Belgique, una de mis salas preferidas para escuchar música en esta ciudad. Aprovechando que él siempre tiene mucho cuidado en poner todos los links necesarios, me fui derechito a la página web a comprar las entradas para toda la familia.

Lugar raro, la Ancienne Belgique. El nombre es francés, pero uno llega ahí y toda la gente que trabaja habla en flamenco, lo mismo que la mayoría del público. Además, los folletos, revistas, postales y todo el material gráfico y/o publicitario que uno se puede llevar a su casa sin pagar también están en flamenco. Lo mismo está pasando con Flagey. Uno llega a esos lugares, completamente analfabeto en esa lengua y se siente un poco raro y hay que hacer un esfuerzo, casi, para decidirse a hablar en francés y pedir las entradas o algo para tomar. Pero las dos salas son perfectas para ir a conciertos y, además, eso hoy no fue ningún problema ya que el idioma que más se escuchaba en el lugar era éste en el que escribo y el flamenco esta vez no era un idioma, sino una música.

Al final, terminé yendo sin marido pero con una invitada de once años, además de mis dos hijos. En algún momento del concierto me puse a pensar en lo estimulados que están los chicos de esta época comparados con los de mi generación. Y se me volvieron a ocurrir las dos ideas que siempre vuelven cuando pienso en ese tema. Una es la preocupación por saber si el cerebro les dará a los pobrecitos para poder digerir tantos estímulos y tanta información. La otra es la pregunta que me hago siempre sobre quién y cómo sería yo hoy si hubiera recibido, en mi infancia y adolescencia, esa misma cantidad de estímulos y de esa calidad. Porque hay que terminar este post diciendo que los Ojos de Brujo son realmente impresionantes y que el concierto de hoy quedará en la memoria de esos tres nenes como una de esas experiencias musicales que a mí, a esa edad, me hubieran dejado completamente maravillada y con el cerebro más abierto.

domingo, 15 de octubre de 2006

Música del mundo

No creo que sea ninguna novedad para la gente que pasa por acá que Dinamarca y la immigración son dos conceptos que no consiguen conciliarse completamente. La sociedad danesa no está organizada para recibir demasiados immigrantes demasiado distintos, los immigrantes que hay no son los que mejor se adaptan a una sociedad como la danesa y así se crea un círculo vicioso que es bastante difícil de romper. Pero en medio de tanta miseria hay una historia casi luminosa: la banda danesa con más repercusión internacional en este momento se llama Outlandish y está formada por un paquistaní, un marroquí y un hondureño de segunda generación. La música que hacen es uno de esos mestizajes culturales que a mí me dejan alucinada.


Powered by Castpost

lunes, 24 de julio de 2006

Summertime

... and the living is easy...


Powered by Castpost

Gracias Baterflai!

sábado, 1 de abril de 2006

Eminem

Como cinco o seis años más tarde de lo que tendría que haber sido para estar más o menos actualizada con la vida, acabo de descubrir que me encanta Eminem. Partyanimal ¿Cuándo viene a Bruselas?


Powered by Castpost

jueves, 23 de febrero de 2006

Familia rara

– Mamá, ¿no somos una familia rara?

– ¿¡Rara!!?? ¿Por qué?

– Y... nos gusta toda la música. Nos gusta el rock ...

– Y nos gusta el jazz, y el tango, y el rap ...

– Sí, y a todos nos gusta el blues ... Y a vos te gustan esas cosas africanas ...


Powered by Castpost

Y a mí también me gusta el raï.

jueves, 2 de febrero de 2006

Experimentando con música

El viernes pasado fui a otro de esos conciertos de jazz buenísimos con los que me estoy castigando. Esta vez eran 2 guitarras, un bajo y un clarinete, un ciclo llamado Jazz Manouche, de vuelta The Music Village y los músicos, los de la foto. Durante el concierto, se podía comprar un disco y, como tenía muchas ganas de mostrarle a mi querido maridito que había tenido más ganas de quedarse en casa que de salir lo que había estado escuchando, me lo compré. Desde ese día no paro de escucharlo, hay tres o cuatro temas que me encantan y uno de ellos va puesto acá. Cuando vi que lo tenían en el repertorio me puse muy curiosa para ver si lo tocaban esa noche y cómo lo tocaban. Fue el último tema de la noche, antes de los bises, y tan bueno, tan bueno, que durante 10 minutos anduve en taxi por Corrientes sin llegar a ningún lado, que es la sensación que tengo cada vez que lo escucho.

Para los que pasan por aquí rapidito y sin leer, un consejo: aprieten el botón de play, abran otra ventana y sigan surfeando y leyendo otras cosas mientras escuchan, durante 7 minutos y 42 segundos, una versión lindísima de un clásico.


Powered by Castpost

El programa de febrero, impresionante. Está aquí.

Y la versión de Piazzolla, aquí.

sábado, 14 de enero de 2006

Jazz

¡Qué súper-concierto que acabo de escuchar en éste lugar! Tres horas de trance meditativo con una pianista impresionante y famosísima a la que yo, por ignorante, no había escuchado nunca. Y el también impresionante privilegio de escucharla en un lugar chiquito tocando con otros tres portentos. ¡Qué maravilla!

viernes, 14 de octubre de 2005

Melingo, compadre


Me lo fui a ver a Melingo por segunda vez en el año. Cuando el año pasado me dio esa nostalgia que no había sentido desde mi primer año de emigrada y me entraron de repente unas ganas desesperantes de escuchar tango, me enteré de que en BUE había toda una renovación tanguera que se me había pasado completamente por alto. Por eso, la última vez que anduve por allí, me compré 2 o 3 discos nuevos y uno de ellos fue Tangos Bajos. En casa quedamos todos fascinadísimos y, cuando en la primavera cayó por el Botanique, nos fuimos de cabeza a verlo. Los chicos, furiosos porque no los llevamos, se encariñaron tanto con el disco que se lo metieron en el iPod y se aprendieron las canciones de memoria. Así que, cuando esta vez volvió para tocar en el Senghor, sacamos entradas para todos y estuvimos preparando el corazón durante, por lo menos, un mes.

Melingo empieza de a poquito, al principio no parece nada, sólo esa voz gravísima, callejera, casi cascada. Pero sus músicos son impresionantes y se crea una sinergia entre él y ellos que todo se pone hirviendo y hay momentos en sus conciertos en que uno no lo puede creer. Cada vez que tocan una canción, la versión es diferente, por eso me dejan una sensación de tango-jazz, no porque haya jazz, sino por el toque de improvisación y de cambio. Con la de ayer de Narigón yo quería que no se terminara nunca. De repente, había en BRU una onda a BUE, a 86 yendo por Avenida La Plata, a San Juan y Boedo antiguo, a milongas en Palermo Viejo, que me suavizaba un poco la nostalgia.