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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Descendiente de argentinos

Mi hijo mayor está engripado, no va a la escuela y, en el medio de su embotamiento lleno de mocos y dolor de garganta, mira más televisión de la recomendable. Llego a casa y me cuenta que vio en MTV a una rapera francesa que canta sobre la Argentina. Y entonces la descubrimos juntos.

Keny Arkana, medio francesa, medio argentina, una jovencita furiosa y militante, una rapera de protesta, la nueva poetisa del rap francés, nació en Marsella en 1983, hija de una francesa y un argentino. Rebelde desde chiquita y con una infancia difícil, se va de su casa muy temprano, pasa su adolescencia de asilo en asilo y es ahí donde empieza a rapear a los trece años para sus compañeros de instituto.

En general, el rap es un género bastante machista, hay muy pocas chicas raperas y las que hay son bastante masculinas. Pero Keny es un poco distinta con su aspecto frágil y unas letras que insisten en denunciar las injusticias de la globalización y que se destacan por su sensibilidad, su poesía y una forma un poco rabiosa de ver las cosas aunque sin cargarlas de demasiada ideología.

Me encantó el video que me mostró mi hijo y descubrir, cuando empecé a averiguar más sobre esta chica, que es descendiente de argentinos.



Ah, y por ahí aparece la camiseta de la que hablábamos acá.

jueves, 5 de julio de 2007

De migrantes y remesas

Las razones por las que la gente emigra son muchas y variadas. A las clásicas de “amor y guerra” se les suman las económicas, el deseo de tener una vida más desahogada en otro lado, y las aventureras, el deseo de tener una vida más interesante en otro lado. De todas maneras, y quizás por haber visto algunos casos, yo creo que aún las del amor y de la guerra tienen que ver con motivos materiales. Cuántas guerras que se desatan a causa del petróleo, de los diamantes o de algún otro recurso escaso, cuántos amores que terminan o no según sea más o menos el bienestar económico de los amantes. Sin ir más lejos, sin la hiperinflación en ciernes del año ’87 y el clima de caos del año '88, es bastante probable que mi atractivo marido danés se hubiera animado a quedarse en Buenos Aires, como era su intención por aquellos años.

Pero mientras que la migración por razones de amor o de guerra está más o menos permitida –casi todos los países, salvo excepciones, permiten el ingreso al cónyuge de un nativo y existen convenios internacionales que dejan acceder a los refugiados políticos– emigrar de un país pobre a uno rico nomás para tener la posibilidad de conseguir un trabajo mejor pago no está dentro de las reglas del juego.

De todas formas, hay gente que lo intenta. Las historias dramáticas de los mexicanos para entrar a los EE.UU. y las de los africanos desembarcando semidesnudos y muertos de frío en cualquier playa europea o ahogándose en el Mediterráneo, así lo demuestran. Y algunos países permiten más o menos esa inmigración ilegal, porque les soluciona algunos problemas de mercado de trabajo en el corto plazo.

Bruselas está llena de esos inmigrantes ilegales latinoamericanos. Montones de ecuatorianos (yo me pregunto: ¿quedará gente todavía en Ecuador?), pero también colombianos, peruanos, cubanos y hasta algunos argentinos se instalan sin permiso de residencia y, por ende, totalmente desprotegidos, a merced de las enfermedades, los accidentes, las casualidades, las razzias, la deportación, para trabajar como albañiles, cocineros, pintores o mozos, ellos, como empleadas domésticas o niñeras, ellas. Y siempre, siempre, arriesgándose a que un buen día los agarre la policía mientras vuelven a su casa en el tranvía, les haga pasar un buen susto y un maltrato y terminen en un avión, camino a casa, con la prohibición eterna de volver.

Las historias de muchos de ellos son terribles. En su país de origen quedan hijos chiquitos, padres ancianos, maridos abandonados o parásitos, hermanos o parientes que esperan salvarse gracias a los esfuerzos del emigrado. Y el emigrado se desloma, trabaja 10, 12 horas por día en algún trabajo insalubre o con horarios rarísimos para conseguir un ingreso equivalente a lo más bajo de la escala nativa, para mandarle más de la mitad a la familia que quedó allá, en parte porque lo necesitan, en parte para atenuar la culpa del abandono, en parte para poder demostrar que afuera les va mejor, sin posibilidades de ahorrar ni para el presente ni para la vejez y viviendo con lo justo en una precariedad y una inseguridad que a muchos nos costaría imaginar.

Dicen que esas remesas que los emigrantes del Tercer Mundo envían a sus familias son más útiles que cualquier ayuda oficial al desarrollo. Que sea así. El sacrificio de los emigrados se lo merecería.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Impresionada

Si uno busca en Google casamiento entre un marroquí soltero y una argentina divorciada también puede terminar por aquí.

A lo mejor es una trivialidad, pero tengo que confesar que cuando pasan estas cosas me siento un poco realizada. ¿Qué habrá pensado encontrar la persona que lo buscó? ¿Habrá sido el marroquí? ¿O la argentina? ¿Los dos juntos? ¿Qué historia habrá detrás del casamiento entre el marroquí soltero y la argentina divorciada?

domingo, 15 de octubre de 2006

Música del mundo

No creo que sea ninguna novedad para la gente que pasa por acá que Dinamarca y la immigración son dos conceptos que no consiguen conciliarse completamente. La sociedad danesa no está organizada para recibir demasiados immigrantes demasiado distintos, los immigrantes que hay no son los que mejor se adaptan a una sociedad como la danesa y así se crea un círculo vicioso que es bastante difícil de romper. Pero en medio de tanta miseria hay una historia casi luminosa: la banda danesa con más repercusión internacional en este momento se llama Outlandish y está formada por un paquistaní, un marroquí y un hondureño de segunda generación. La música que hacen es uno de esos mestizajes culturales que a mí me dejan alucinada.


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domingo, 19 de febrero de 2006

Mahoma y la industria lechera

Malizia tiene razón, parece que justo esta época fuera una de ésas en las que la humanidad va para atrás.

Nunca voy a justificar ni el racismo ni la xenofobia, pero quizás intentar, hasta cierto punto, comprenderlos o encontrarles una explicación.

Los daneses no son un pueblo muy grande, un poco más de cinco millones, y una de las razones por las que su sociedad funciona tan bien y está tan bien organizada es su homogeneidad. La forma de pensar es parecida y es fácil obtener consenso generalizado cuando de reformar la sociedad se trata. Eso puede hacer que para algunos el sistema político sea aburrido, aunque en realidad no es así. Casi todos los partidos están bien apiñados en el centro de un eje izquierda-derecha y las luchas por el poder son bastante fuertes, aún dentro de los mismos partidos políticos.

En el mundo actual un país así de chiquito, homogéneo y abierto sufre bastante, sobre todo por las tensiones que produce la immigración. Dinamarca tuvo una política de asilo muy generosa durante los ochenta y la primera mitad de los noventa que se sumó a la immigración turca y pakistaní de los sesenta. El resultado de eso es que hoy debe haber entre 200 mil y 300 mil musulmanes, bastante visibles para la opinión pública por ser tan diferentes.

En la mayoría de los países, los immigrantes son buenos para el país que los recibe, trabajan en los trabajos que nadie quiere, pagan impuestos, dinamizan la sociedad, pero en Dinamarca cuestan plata. Los daneses tienen ese súper estado de bienestar porque la mayoría de la gente trabaja mucho y paga unos impuestos brutales. En eso los daneses se pusieron de acuerdo hace mucho y lo hacen, aunque a nadie le gusta trabajar y pagar impuestos, porque para ellos es el precio que tienen que pagar para tener una sociedad sin pobres, donde todo el mundo puede ir a la escuela o al hospital cuando hace falta. Para los daneses, los immigrantes que reciben más de lo que aportan son una especie de parásitos indeseables, algo en lo que muchos otros pueblos deben estar de acuerdo.

Si además esos “parásitos” tienen que decidir sobre lo que está permitido publicar o no, entonces, bueno, la que se puede armar es la que terminó por armarse en la realidad. Que el Jyllands Posten haya querido provocar, sí, es posible que sí. Ellos dicen que publicaron los dibujos para mostrar que en Dinamarca no existía autocensura. Y aunque es cierto que es el diario más crítico hacia los immigrantes (yo en un determinado momento dejé de leerlo porque, como immigrante que fui, me tenían bastante harta), también es cierto que en mayo del año pasado recibió un premio europeo por contribuir a la diversidad y estar en contra de la discriminación. ¿El gobierno danés? Bueno, para mí no estuvieron demasiado diplomáticos y sí bastante arrogantes. Y los dibujos siguen pareciéndome bastante buenos. Me gusta el de la censura, el de las vírgenes, el del nene en la escuela con la camiseta de fútbol de un club danés, el del dibujante que dibuja con miedo, el del autor del libro sobre Mahoma que no encontraba dibujante para su libro por culpa de la autocensura y terminó teniendo publicidad en todo el mundo y, por supuesto, el de la bomba, que refleja lo que hoy por hoy significa la palabra "Islam" para los occidentales. Terror.

Y los daneses son bastante sanguinarios con ellos mismos, para muestra, el dibujito con el que empieza este post donde se ve al primer ministro disculpándose bajo presión de la industria lechera. Voilá!

martes, 14 de febrero de 2006

Contradicción

Dinamarca es una de las sociedades más armónicas que existen. No hay pobres pidiendo por las calles, la gente anda en bicicleta por bicipistas habilitadas al efecto, los hospitales son gratis, las escuelas también, no te roban por la calle, no hace falta contar los vueltos cuando comprás cigarrillos, o caramelos, o un boleto de colectivo, los policías son simpáticos y te ayudan, los cursos de danés para extranjeros son gratis, a partir de los 18 años todos los estudiantes reciben la beca más generosa de Europa, todas las mujeres amamantan a sus hijos, tiene las mejores guarderías públicas del planeta Tierra, el Banco Central está diseñado por un maestro de la arquitectura del siglo XX, la gente paga los impuestos sin dejar de protestar, tiene las mejores playas de Europa, la proporción de hombres rubios, altos, de ojos celestes y con buen carácter es bastante elevada, la de mujeres ídem pero mandonas también, no hace falta tener miedo de volver a casa a las 3 de la mañana, la gente es la más divertida que hay al norte de los Pirineos, tiene unas bibliotecas modernísimas desde donde se puede acceder a todo un universo multimedia sin gastar un mango, la probabilidad de que te devuelvan la billetera perdida con todo adentro es una de las más altas del planeta, producen molinos de viento, es uno de los pocos países desarrollados, sino el único, que cumplen con eso de donar un 0,7% del PIB en ayuda al desarrollo, los trenes son puntuales y, last but not least, mi marido y mis hijos nacieron ahí.

¿No es un poco raro que por unos dibujos que al final de cuentas son bastante buenos y posiblemente estén tratando de combatir el miedo, el país quede catalogado como intolerante y racista?