domingo, 13 de mayo de 2007

Dudas y métodos

Una de esas simplificaciones de la realidad que sirven para hacernos la vida más fácil dice que los seres humanos vienen de dos tipos: el tipo robusto y el tipo sensible. Estos dos tipos se nos dan a conocer desde la más tierna edad.

Apenas nace, el robusto se prende a la teta de la madre sin ninguna duda y sin ningún desparpajo, y después de haberse llenado la barriga del indispensable, vital colostrum, se queda dormidito, tranquilo y seguro y duerme 12 horas de un tirón. El sensible, por su parte, hará lo mismo, pero sin tanta seguridad, y también se quedará dormidito, pero en medio de estremecimientos y suspiritos y se despertará a cada rato para que lo cuiden y lo mimen.

La necesidad de contacto humano de uno y del otro hará que los padres del primero sean de esos padres insoportables que dicen que sus bebés duermen todo el día y no lloran nunca, mientras que los del segundo se convertirán en un manojo de nervios, ojerosos y ausentes y al borde del colapso debido a la falta de sueño causada por la necesidades de amor de su hijo el sensible.

El robusto puede crecer en el ambiente más inhóspito, sin juguetes, sin estímulos intelectuales ni físicos, sin caricias ni palabras cariñosas y es probable que igual crezca sano, fuerte, feliz y contento, que aprenda a hablar y a caminar temprano, que se ría todo el tiempo, que tenga montones de amigos y sea popular en la escuela y en la calle.

El sensible, en cambio, para conseguir todo eso, necesitará que lo tengan en brazos todo el día, que le hablen y lo escuchen, que lo protejan y jueguen con él, que le lean cuentos y le canten canciones de cuna antes de dormirse, que lo acompañen a la escuela y lo despidan con besitos, que hagan los deberes con él y le expliquen con lujo de detalles y con muchísima suavidad las ecuaciones de segundo grado mientras le acarician el pelo y lo sostienen de la mano.

De más está decir los buenos resultados que se pueden obtener de un robusto si se le aplican los métodos necesarios al otro tipo. Y todos nos imaginamos el desastre que puede ocurrir si abandonamos al sensible a su suerte y nos despreocupamos totalmente de él.

Y a mí, como madre de uno de cada especie y no del todo segura si apliqué el método adecuado en la crianza de cada uno, también me resulta interesante imaginarme cuál será la reacción de estos dos tipos ante situaciones extremas, los shocks vitales de los que hablábamos acá. Y lo único que me resta esperar es haberles acariciado lo suficiente el pelo, cantado todas las canciones de cuna que les hicieron falta y sobre todo, sobre todo, no haberlos espantado para siempre cuando intenté explicarles qué es una función y cómo se despejan las incógnitas. A ver si al final resulta que no les gusta la matemática.

18 comentarios:

manolo dijo...

Ana
No sabe la suerte que tiene.
Un Zorba y un Gödel, no por sus conocimientos sino por los caracteres.
Que se complementan y se apoyan.
El robusto Zorba, sabe que su reaseguro a la realidad es el lógico y prudente Gödel.
Además de ser un desafió el lograr transmitir la alegría de vivir al sensible.
Un abrazo

Fodor Lobson dijo...

x = 2007

Indigo dijo...

Mmmmmmmmmmmmmmmmm, no sé si es tan así el robusto. Creo que si no se le da la guía y el cariño adecuado el robusto se vuelve violento, y sí, es felíz, pero a costa de otros.
Siga así, seguro que lo hace bien, de todos modos no importa, tarde o temprano la van a culpar de todos sus problemas igual. ;)

Mikaelina dijo...

Seguro que lo haces muy bien, Ana C., pero un poco extrema la simplificación. Seguro que el-va-de-duro es mucho más sensible de lo que aparenta, y el sensible más capaz en la adversidad de lo que pudiera parecer.

Alicia R. dijo...

Si bien es una simplicación con fines pedagógicos, digamos, es verdad que cada hijo viene con una personalidad propia y me parece que el paradigma actual exagera sobre las posibilidades que tenemos los padres de cambiarla. Besos

zorgin dijo...

o sea que se nace con estrella o estrellado?,
Le diré mi teoría basada en la práctica (que por supuesto puede estar equivocada), lo que no te mata te fortalece...,
De los robustos me preocupé en que aprendieran un arte que los sensibilizara, y a los sensibles que consiguieran un buen representante ;)

Ana C. dijo...

Por ahora, Manolo, no sé si se complementan pero sí que son bien amigos y que se llevan bien desde el principio, por suerte.

Fodor, me quedé sin entender nada.

Indigo, me parece que tenés razón. Mientras escribía esto pensaba en los resultados de dejar al robusto abandonado a su suerte y pensé lo mismo que vos. Ellos igual necesitan cariño, aunque quizás les alcance con menos.

Sí, si, Mikaelina. Es una simplificación exagerada, por supuesto, pero fue una sorpresa ver que sus necesidades eran distintas.

¿Así que el paradigma actual dice eso, Alicia? Fuente de frustración asegurada para los padres, entonces. Desde mi humilde punto de vista es imposible cambiar nada, sólo nos queda aceptarlos y quererlos como son.

No sé si se aplica acá lo del con estrella y el estrellado, Zorgin, al final cada uno se las arreglará con lo que le tocó en suerte. ¿Le salieron artistas los hijos?

zorgin dijo...

hay de todo en la viña del Sr. (yo vengo a ser el Sr.)

Ulschmidt dijo...

ah, pero Ud. a quien prefiere??

Lucy in the Sky dijo...

Entonces, ¿uno nace o se hace?

Ana C. dijo...

Cierto, Zorgin, me había olvidado que usted tiene algunos más que dos.

Ulschmidt, ¿usted no sabe que una madre los quiere a todos igual, pero distinto? (Y un padre también, supongo). Yo a veces me encuentro queriendo más a uno y, en ese mismo momento, queriendo más al otro.

Bueno, Lucy, en este blog creemos que las dos cosas, por supuesto.

sirako dijo...

conmigo creo que se pasaronm de ser un robusto me volvieron sensible, y eso es lo peor del mundo!!


jaja.

oye, te tengo una pregunta que no tiene que ver con el post.

¿cómo haces para tener el webstats sin que abra una ventana de mercado libre?

chacall dijo...

Ana, dicen que uno es uno y sus situaciones, y muchas veces he vist, o al menos lo percibí de esa manera, que el robusto en el hogar es mas sensible fuera del mismo y viceversa... será así? Debe ser una cuestión de adpatarse al ámbito no?

saludos

ella y su orgía dijo...

Conocedora como soy del grupo al que pertenecí desde bebé, no puedo dejar de envidiar a los tipos rudos, lo cual no quiere decir que me cambiara por ellos de por vida, aunque, por un ratito no estaría nada mal.

Besos orgiásticos.

Alex dijo...

bueh! si no les gustan no es taaaaan grave!!! yo llegué hasta acá sin saber hacer cuentas y soy feliz, o sea que a ellos les queda la esperanza de serlo porque los criaste vos por y a pesar de que te gustan y tal vez te salen músicos que es la matemática por otro lado o amantes de la sección aurea que está en todas partes como los fibonacci y demás ejemplos que cunden por allí. Y sabés que tu robusto si hubiera estado en un ambiente inhóspito no hubiera crecido feliz a no ser que fuera un genio de la resilencia, pero insito siendo hijo tuyo no era necesario.

Ana C. dijo...

También es una posibilidad, Sirako, demasiados mimos pueden tener ese efecto, supongo.

Lo de las publicidades con webstats, no tengo ni idea. Normalmente tengo todos los browsers preparados para evitar pop-ups, pero aunque así no sea, acá no se abren tanto. Es bastante aleatorio. Estoy intentando ver cómo se evitan.

Eso es un poco distinto, Chacall, no tiene que ver con que uno sea robusto o sensible, sino más con válvulas de escape, me parece. Dicen que los chicos que son buenitos en la casa, son unos demonios en la escuela, y viceversa. Yo preferiría el viceversa, por supuesto.
Y a lo mejor de grandes se sigue igual, esos jefes malditos podrían ser unos dominados, o la mosquita muerta, una sádica, o quién sabe.

Y sí, Ella, a veces tanta sensibilidad es demasiado.

¡La confianza que me tenés, Alex! ;-)
Siempre vamos balanceándonos por la cuerda floja, también para evitar ser sobreprotectoras, otro riesgo que corremos las mamás modernas.

Ulschmidt dijo...

si es por la matemática yo le apostaría al sensible.

Ana C. dijo...

Yo me temo lo peor, Ulschmidt, que ni con uno, ni con otro.