sábado, 18 de agosto de 2007

Animales salvajes

Hoy a la mañana tomaba el desayuno sentada frente a la compu y en eso siento un ruidito, un ruido raro que no tenía por qué estar allí, conmigo sola en casa. Me doy vuelta y me encuentro mirando frente a frente a un gato negro con patitas blancas.

Los dos nos pegamos un susto que nos tiró para atrás, pero en direcciones opuestas. Del susto ni le miré los ojos, que suele ser lo primero que me llama la atención de los gatos. El gato intruso había entrado por la cocina, que da al jardín, y subido lo más campante y silencioso por la escalera hasta el primer piso.

Decidida a echarlo, me levanto, y el gato, más asustado que yo, se subió al segundo piso. ¿Cómo hago para sacar este gato de mi casa? me pregunto y me quedé bien quieta, casi sin respirar, intentando resolver si bajaba a buscar una escoba o intentaba echarlo a revistazos.

El gato bajó, me volvió a mirar, y se puso a dar vueltas por todos los cuartos del primer piso buscando una salida, hasta que se metió en el living, dirigiéndose a la puerta que da al balcón. En algo estábamos de acuerdo, por lo menos, él quería salir y yo, que se fuera.

Conseguí cerrar la puerta y nos quedamos los dos encerrados en el living, a mí el corazón latiéndome como si estuviera encerrada con un tigre, o con una pantera negra, al fin de cuentas el gato debe ser el más salvaje de los animales domésticos.

El gato se fue derecho a la puerta y pegó un salto, dándose un flor de golpe contra el vidrio y se quedó colgado de las cortinas.

Imaginándome que en el próximo salto se me tiraba encima y se quedaba con las uñas enganchadas en mi pelo, o peor, en las pestañas, decido que la solución más inteligente es abrirle la puerta del balcón y hacia allí me dirigí encontrándome con un par de obstáculos para abrirla.

El gato, mientras tanto, después de darse otro golpe contra el vidrio, se subía a todos los muebles, dando vueltas desesperado por el cuarto. Al fin, conseguí abrir la puerta del balcón y salió. Tan asustado estaba el pobre que terminó escabulléndose por el rincón más raro y desapareció.

Hace uno o dos veranos una noche entró un murciélago por la ventana abierta y pasé por una odisea parecida. Parece ser que todos los animales salvajes deciden entrar a mi casa cuando me las tengo que arreglar sola para echarlos.

12 comentarios:

Alicia R. dijo...

¡Qué situación con el más salvaje de los animales domésticos! Besos.

Ana dijo...

Ese era el gato que estaba viniendo para que yo lo adoptara y seguro se perdió en el camino.. jeje.. se fue lejos el pobre. Ahora tengo una buena excusa para no adoptar ninguno, voy a esperar que ese llegue hasta acá.

miroslav panciutti dijo...

Pobre gatito ... ¿Cómo no le pusiste un plato con leche? Seguro que te hubieras hecho amiga. Claro que, en ese caso, a lo mejor no se hubiese querido ir. Un beso.

Ana C. dijo...

Alicia, la verdad es que me sentí en una situación muy peligrosa. No había forma de comunicarse con el gato. Le decía que bajara la escalera y no hacía caso.

Ana, justo leí tu post sobre los gatos y pensé que vos hubieras reaccionado de otra forma. El gato era bien lindito, te cuento.

Miroslav, defectos de la educación de una. Mi relación con los animales es inexistente. No tenía ni idea de cómo reaccionar y sentía que el animal y yo estábamos en mundos completamente diferentes.

Fodor Lobson dijo...

Me pasó lo del murciélago y es ajjjjqueroso. Gatito, cuando encontramos uno en la oficina, lo adoptamos, y todavía vive con nosotros.

Ulschmidt dijo...

Hizo bien: si uno quiere que salgan, siempre hay que ofrecerles la salida, la via de escape. Y no cruzarse en ella. Por lo común, el animal intruso tiene tantas ganas de rajar como uno de que se vaya, como Ud. ya comprobó !

Tommy Barban dijo...

Para mí que era el murciélago disfrazado que volvía por más sangre de la buena. Por otra parte, tené en cuenta que si es azar es amor, quizás tendrías que haber adoptado al felino intruso.

Ana C. dijo...

Bueno, asqueroso no diría, Fodor, pero sí medio impresionante ver a semejante animal revoloteando por el dormitorio de uno.

De eso tenía miedo, Ulschmidt, de que el animal se me tirara encima mientras le abría la puerta. Por suerte se entretuvo haciendo otra cosa mientras tanto.

Y... puede ser Tommy Barban, ahora los murciélagos se convierten en gatos en lugar de en condes sanguinarios. Mi hijito menor se murió de envidia cuando le conté. Él lo hubiera adoptado sin dudarlo. Yo no tengo talento para eso.

venusina dijo...

Eso es por darle duro a Harry Potter, en algún momento te habita la casa :-)

montevideana dijo...

Me gustó el relato, la verdad es que fue una pequeña gran aventura doméstica. Por cierto, debe ser una casa muy bonita ésa en la que vivís.

Estoy estudiando francés y usé este texto para una traducción, está en http://reussir-dalf-ou.blogspot.com

Espero que si lo leés, te guste!

Conz dijo...

jajaja pobre gatito

detesto los murcielagos, me paso algo parecido a mi tmb. pero les tengo PANICO eh.

hacete la del mono a diario! dijo...

escucheme ni los gatos ni los murcielagos son animales salvajes...donde vive Ud?
En mis pagos ya no hay anilamales salvajes. Quiero decir donde haya una PC no hay de éstos.