domingo, 12 de febrero de 2012

De la Sachertorte y su difícil glaseado

Una de las tortas con las que más fantaseé en la vida fue la Torta Sacher. Viena, conciertos, paseos por la ciudad y los museos, torta Sacher a la hora del café. Pero nunca fui a Viena todavía, así que, impaciente, me puse a buscar recetas y a probar hasta que encontré una y la fui adaptando hasta que llegué al resultado que me gustaba. Un día mi marido fue a Viena y al volver nos trajo una Sacher original de regalo, envueltita en su caja de madera, bien protegida contra las sacudidas y otras inclemencias del transporte. "¡La tuya es más rica!", dijeron él y los chicos en trío después de probarla. Lo cierto es que la mía es muy parecida a la original, pero un poco más blandita y más húmeda, lo que deja comerla sin necesidad de crema y disfrutar a fondo del gusto a chocolate y mermelada de damascos. La receta viene acá y no creo que haga falta aclarar que no es una de esas tortas que se hacen en 10 minutos.

INGREDIENTES

Para la masa
130 gramos de chocolate 60%-80% de contenido de cacao
130 gramos de manteca bien blanda
110 gramos de azúcar impalpable
1 chaucha de vainilla
6 yemas
6 claras
110 gramos de azúcar
130 gramos de harina leudante o harina común con 1/2 cucharadita de polvo de hornear
500 gramos de una buena mermelada de damascos.

Para la cobertura 
150 gramos chocolate chocolate 60%-80% de contenido de cacao
200 gramos de azúcar
125 cl de agua

PREPARACION

1) Enmantecar y enharinar un molde de unos 26 cm de diámetro. Yo le suelo poner en el fondo un disco de papel manteca o papel de horno exactamente igual al fondo del molde para no correr ningún riego de que se me pegue la torta y solamente enmanteco y enharino los costados.

2) Calentar el horno a 170 °C.

3) Derretir el chocolate a baño maría.

4) Se empieza batiendo la manteca con el azúcar impalpable y los granitos de la vainilla hasta que esté todo bien cremoso.

5) Luego se agregan las yemas y se van mezclando una por una.

6) Después se agrega el chocolate derretido y se bate todo hasta que queda una masa bien lisita.

7) Aparte, se baten las 6 claras con los 110 gramos de azúcar común hasta un punto de nieve bien durito. El merengue sale mejor si se baten primero las claras con la mitad del azúcar y cuando está todo blanco se agrega la otra mitad y se termina de batir.

8) Cuando el merengue está listo, se agrega a la masa de chocolate. Lo mejor es poner primero dos o tres cucharadas de las claras batidas a la masa de chocolate para que quede un poco más liviana y después el resto en movimientos envolventes para que no se aplaste todo.

(Con el doble de chocolate y la mitad de azúcar, hasta acá es la misma receta de la mousse de chocolate).

9) Al final, se pone la harina mezclada con el polvo de hornear, a los que se tamiza dos o tres veces para que queden bien aireados. De vuelta, la harina se mezcla con movimientos envolventes y lo mejor es hacerlo con una de esas espátulas de repostería.

10) A partir de ahí va rapidito al molde y de ahí al horno. Durante los primeros 12-15 minutos hay que dejar la puerta entreabierta. Una vez cerrada, hornear otros 40-45 minutos más.

11) Cuando la torta está lista, se saca el molde del horno, se deja enfriar unos 10-15 minutos y después se desmolda la torta y se deja enfriar del todo. Yo normalmente hago las tortas después de cenar y haber ordenado la cocina y cuando no hay nadie cerca por la casa. Después de desmoldada, la dejo enfriar toda la noche, así queda lista para rellenar al día siguiente después del desayuno.

12) Para rellenarla, se corta la torta en tres capas iguales, se calienta la mermelada de damascos con cuidado y cuando está calentita se pone un tercio arriba de la primera capa, se tapa con la segunda capa, otro tercio de mermelada encima, la última capa de torta y todo, inclusive los costados, se recubre con el útlimo tercio de la mermelada y se deja enfriar.

Y ahora viene lo más difícil de todo, el glaseado, porque el relleno de esta torta es una pavada, pero la cobertura es todo un arte cuyo éxito depende de factores variados, entre ellos la suerte. A mí me sale bien una de cada tres veces y solo una vez estuve realmente contenta con el resultado.

13) Hay que rallar grueso o picar en pedazos chiquitos el chocolate y ponerlo en un bol.

14) Hervir el azucar con el agua unos 5-6 minutos, más tirando a 5 que a 6. Dejar enfriar apenas.

15) Volcar el almíbar de a poco en el chocolate mientras se revuelve con una cuchara de madera (chiquita) hasta que queda bien lisito. Dejar entibiar. Hay que tener cuidado que no se enfríe mucho, porque se endurece, ni que esté muy caliente, porque volvería a derretir la mermelada. La temperatura tiene que ser tal que se pueda meter el dedo sin quemarse, pero esté caliente.

16) Así se extiende arriba de la torta y se alisa con un cuchillo o una espátula. Si la consistencia y la temperatura son las que tienen que ser, es muy fácil extenderlo y alisarlo, se cubre toda la torta con mucha facilidad y queda lisita como un espejo. Pero si está muy caliente, se chorrea y si está muy frío no se desliza, es muy difícil extenderlo y queda con un aspecto de rocas de chocolate.

Una vez terminada, dejarla tranquilita al fresco. Se pone rica a partir del otro día.

martes, 11 de enero de 2011

El gallo seductor y la gallina coqueta

En mi casa de la infancia había un tocadiscos chiquito y 10 o 12 discos, algunos de los hermanos Ábalos, otros de Los Fronterizos, uno de los Beatles y dos de María Elena Walsh, supongo que comprados por la mamá maestra para sus nenas. Mi padre tocaba la guitarra y cantaba, pero la melómana era mi madre, que nos inflingía dosis extremas de música clásica vía una Radio Nacional que siempre llegaba chirriante por lo lejos que vivíamos.

En mi casa de la adultez, igual de lejos pero en la otra punta del mundo, hubo siempre el reproductor de música adecuado a los soportes de la época, que cuando mis nenes aprendían a hablar eran cassettes y CDs. La abuela, ahora maestra jubilada, les mandó toda la música y la literatura infantil que pudo para apoyar el proyecto de que aprendieran a hablar el castellano, entre ellos montones de discos y cuentos de María Elena Walsh.

Además de las canciones, lo que más nos divirtió fueron los limericks. Teníamos dos libritos llenos de ellos y a la noche, a la hora de dormir, yo se los leía haciendo voces raras. La mayoría trataba sobre animales que sabían hacer cosas y estaban repartidos por todo el mundo. Monos, llamas, jirafas y elefantes en aventuras desopilantes de la China al Ecuador.

Se los leí tantas veces que al final no me hacía falta leerlos, veía los dibujos y los recitaba de memoria. Y ahora después de tantos años, se me viene solo éste.

Parece que en Japón había un Mono,
Que dormía la siesta con kimono.
Que cosa rara es
decía un Japonés
ver a un Mono en kimono haciendo nono.

Aunque el que más me gustaba era éste

Un Gallo a una Gallina preguntó:
¿Cocorocó? ¿Cocorocó cocó?
la Gallina, indecisa,
primero le dio risa,
pero después le contestó que no.

Todos los sonidos forman parte de algun lenguaje y María Elena Walsh ayudó con sus versitos un poco surrealistas y su vocabulario riquísimo a enseñarles el idioma materno a dos nenes que se criaron inmersos en el idioma paterno. No fue tarea fácil y por eso se lo agradecemos.

viernes, 17 de setiembre de 2010

La perfección no existe

Este domingo hay elecciones en Suecia, el país al que estudios como este o este catalogan como la mejor democracia del mundo. Sus hermanos menores del otro lado del estrecho, sin embargo, le están cuestionando el lugar con argumentos bastante convincentes, por lo menos para ellos mismos.

Aunque en apariencia las elecciones tratan sobre el Estado de Bienestar y su relación con la inmigración no occidental, durante la campaña salieron a relucir una cantidad abrumadora de temas de discusión, casi todos relacionados con la práctica y teoría de la democracia. El toque pintoresco lo dieron políticos de la derecha danesa reclamando observadores de la OSCE para garantizar que haya elecciones limpias. Lo cierto es que durante los últimos meses analistas de opinión y politólogos de los dos lados del charco se han mantenido bien ocupados investigando tendencias, actitudes, creencias, sentimientos y posturas políticas según ubicación social y/o geográfica.

Con lo que siempre me gustaron las elecciones, sigo el debate preelectoral pero solamente desde los diarios daneses – aunque los idiomas escandinavos son bastante parecidos y una vez que uno sabe uno puede leer los otros dos haciendo un cierto esfuerzo, hay material de sobra para entretenerse en un solo idioma. Entre los temas que se debaten aparecieron el de los límites de la libertad de expresión, la calidad del debate público, la educación de los votantes, el rol de las elites políticas como verdaderas representantes del pueblo, las relaciones de género en la política, las ventajas y desventajas de los diferentes sistemas electorales, el rol de la educación en la calidad de la democracia y también, claro, el de la integración, o no, de los inmigrantes.

Así, me enteré que Suecia tiene un sistema de boleta por partido, como Argentina (Dinamarca usa un sistema de cruces en boleta única, como Bélgica), pero las boletas están fuera del cuarto oscuro y el votante elige lo que quiere votar delante de la gente que esté ahí para verlo. Cada partido es responsable de tener boletas propias en el lugar de las elecciones. Otra cosa que diferencia a los dos países es que en Dinamarca un partido requiere de una cierta cantidad de gente para poder presentarse a elecciones. En Suecia cualquiera (hasta una persona sola y sin simpatizantes) puede presentarse a elecciones hasta el mismo día, con la única condición que se imprima por sí mismo las boletas y las reparta por todo el país. Para los daneses lo de elegir la boleta fuera del cuarto oscuro es una especie de coerción social que limita el ejercicio de la democracia. Los suecos dicen que el mínimo requerido para ser partido es lo que la limita, lo que rebaten los daneses diciendo que esa libertad para presentarse hasta el último día es sólo formal, ya que la obligación de imprimir sus propias boletas (y repartirlas en un país enorme) la convierte en una ficción y en la realidad funciona igual que la exigencia del mínimo de afiliados.

La inmigración proveniente de países no occidentales da también lugar a otros entredichos. Suecia tiene muchos más inmigrantes en relación a su población que Dinamarca, pero supuestamente un nivel de tolerancia mucho mayor que resulta en la, hasta ahora, no existencia de un partido político anti-inmigración con representación parlamentaria, tal como sí hay en Dinamarca. El partido anti-inmigración existe y se llama Sverigedemokraterna, pero hasta ahora no ha conseguido superar nunca la barrera necesaria para entrar al Riksdagen, entre otras cosas porque parece ser que se le restringe sin demasiados tapujos el acceso a los medios.

Dos ejemplos de ello fueron el rechazo a la divulgación de este video en un canal de televisión (acá la versión censurada) y el dejarlos afuera del debate televisivo final entre los candidatos principales de cada partido antes de las elecciones.  La censura la justifican diciendo que entre los límites a la libertad de expresión está el de no discriminar ni estigmatizar a las minorías, mientras que al debate televisivo sólo se invita a los partidos que ya están representados en el parlamento, lo que hay que reconocer que hace más difícil la entrada a los nuevos. Los daneses, mientras tanto, se han empezado a preguntar, aunque hay que reconocer que impulsados por sus vecinos, si la tolerancia a que cualquier opinión intolerante tenga espacio de sobra no terminará llevando a que el debate público se convierta en un griterío de opiniones polarizadas, llenas de prejuicios, odios y xenofobia que excluyen a las más necesarias sabias y moderadas.

El resultado electoral del debate se verá cuando termine el domingo. Por los resultados de las encuestas, da la impresión que la coalición de centroderecha actualmente en el gobierno va a seguir sin ayuda de los “impresentables”, aunque al comienzo de la campaña parecía imposible. Al igual que lo que está pasando en Dinamarca, la izquierda perdió fuerza a último momento, así que en algo se parecen.

lunes, 14 de junio de 2010

Los continentes

En la explanada del Musée d'Orsay, en París, hay seis estatuas de bronce negro donde sendas figuras femeninas representan a los continentes. La primera pregunta que pasa por la cabeza es por qué seis, si los continentes son sólo cinco. La respuesta es que hay dos Américas, la del Norte y la del Sur.

Las estatuas se hicieron para la exposición universal de 1878 y fueron cambiando de lugar hasta que se instalaron ahí con la inauguración del Museo en 1985. Cada dama muestra los principales rasgos étnicos de su pueblo, salvo el color, ya que son todas negras. Además están todas bastante despechugadas, con la excepción de la púdica Europa que viste una especie de túnica.

Así, la europea tiene una nariz levemente aguileña y rasgos clásicos, la africana, nariz y labios gruesos, la asiática, ojos rasgados, pelo lacio, boca y nariz pequeñas, la oceánica, el pelo revuelto, la frente protuberante y un aire indómito, la norteamericana, plumas y nariz aguileña.

Por alguna extraña razón que tendrá su explicación en el imaginario colectivo francés, la sudamericana se parece a la europea, pero es más linda.

domingo, 21 de febrero de 2010

Sin GPS

Hay un barrio en Bruselas lleno de rotondas y de calles arboladas al que creo que conozco de memoria pero en el que últimamente me pierdo demasiado seguido. Debe ser porque es invierno y está oscuro. Salgo mal de una rotonda y,  distraída como voy, recién me doy cuenta que estoy yendo por el camino equivocado como a los 100 metros. El problema con las calles que salen de las rotondas es que se abren en diagonal, como los rayos de una bicicleta. Si uno agarra una distinta a la que tenía que elegir, pierde el rumbo y se aleja cada vez más del lugar al que estaba yendo. Cuando me doy cuenta que me equivoqué insulto un poco pero no me molesta demasiado. Perderse sirve para conocer caminos nuevos y cambiar de golpe las rutinas.

Pero al cabo de un rato, en ese barrio oscuro, no reconozco nada. Aparecen plazas que no había visto nunca, boulevares que quién sabe a dónde llevan, esquinas en las que no sé para qué lado doblar. Y todo eso mal iluminado, porque las ramas de los árboles que la municipalidad lleva años sin podar tapan todos los faroles. Así que ni sacar uno de mis amados mapas me sirve, porque ni siquiera consigo ver los nombres de las calles y, si los viera, no sabría si van para el Norte o para Sur, el Centro o las afueras.

Así, deambulo por un rato, dando vueltas y vueltas, ensayando a veces doblar a la derecha, otras veces a la izquierda. De vez en cuando me sobresalto un poco, las sombras no dejan ver lo que pasa, siento pasos atrás mío, sombras que se mueven, un gato que chilla como si fuera un bebé abandonado que llora, el aleteo de una paloma o el graznido de algún cuervo que se esconden entre los arbustos de los jardines vacíos.

Al final, doblo en una esquina y veo algo de iluminación al fondo de la calle que me lleva a una avenida que conozco. Ver las luces de la avenida, reconocer el sentido del tráfico, me tranquiliza. Descubro que estoy lejísimos de casa pero ya sé a dónde ir.

Mientras camino, pienso que, a veces, las calles sirven de metáforas de la vida.

miércoles, 10 de junio de 2009

De mapas y parejas de mandones

Hay un libro bastante conocido que se llama Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer los mapas. Si el libro tiene razón, el GPS debería ser un invento exclusivamente creado para las mujeres, ya que el aparato habla, y con unas vocecitas bastante irritantes, valga la aclaración.

En casa es al revés, yo adoro leer mapas y al marido le encanta escucharme. Tanto, que hasta lo usa para quedarse dormido. "Seguí contándome mientras me quedo dormido", me dice. Yo nunca supe muy bien cómo tomarlo, la verdad sea dicha, porque parece ser que, pese a usarlos de somnífero, mis cuentos lo duermen pero no lo aburren.

El caso es que viajando por lugares desconocidos nos llevamos de perlas, pero sólo cuando él maneja. Él maneja, yo leo el mapa. Como aunque sepa leer mapas soy mujer, lo doy vuelta como sea necesario si vamos en otra dirección que no sea Norte – tal como dice el libro que hacemos las mujeres – y voy encontrando las calles, las rutas o lo que sea y diciéndole: "Dentro de tres calles doblá a la izquierda", "Después del puente que viene, andá en dirección a tal pueblo", "Cuando veas el cartel que dice Ciudad X, cambiá de autopista", y así. Él me hace caso en todo y aunque yo de vez en cuando me equivoque, no protesta ni una sola vez, aunque el costo de la equivocación sea una media hora de vueltas extras porque se me pasó la salida de una autopista.

El único problema es que a los dos nos gusta manejar por lugares desconocidos y caminos nuevos y yo, encima, tengo debilidad por manejar autos alquilados. Pero con el señor de copiloto la cosa cambia un poco. En lugar de ponerse a estudiar el mapa, ir mirando por dónde vamos y decirme para qué lado tengo que ir, el tipo se pone a mirar cómo manejo. "Poné segunda", "No sueltes el embriague tan rápido", "Sacá el guiño", "Cuidado con ese auto", "Frená más suave" se suceden, una detrás de otra, las indicaciones. La mejor de todas: "Eh, mirá que el semáforo se pone en rojo".

Indicaciones irrelevantes, porque jamás me pasé un semáforo en rojo ni me olvidé de cambiar de marcha. Pero sobre todo, inoportunas, porque lo que yo necesito es que me indique el camino, no que me enseñe de vuelta a manejar. "¡Dejame de joder con los semáforos y decime para dónde tengo que ir!", le grité un día, donde me tenía más perdida que turco en la neblina, en el medio de tres carriles y sin saber si ir a la izquierda o a la derecha, porque en lugar de dedicarse a leer el mapa se distraía y me distraía pensando que evitaba que tuviéramos un accidente gracias a su dedicación en darme instrucciones viales.

A lo mejor, como dice este señor, necesitamos un GPS. Pero yo me resisto. Con lo que me gusta leer mapas.

martes, 12 de mayo de 2009

Hijo menor dixit

El hijo menor, atacado por alguna fiebre puberal, no se ha estado portando demasiado bien en la escuela durante un tiempo. Llega a casa deprimido y enojado con las maestras que, según él, son injustas, lo tienen de punto y no escuchan razones. Después de algunas idas y venidas, reuniones de los padres con los maestros en presencia del hijo, conversaciones bilaterales entre los padres y el hijo y entre los padres y los maestros, parece que la cosa empieza a mejorar.

Pasan los días y una de las maestras, la de danés, que acaba de llegar a la escuela y lo conoce desde hace unos cinco o seis meses, empieza a mandarnos un e-mail semanal contando lo bien que se porta el crío y lo bien que escribe cuando se porta bien.

– Che, le digo apenas me lo vuelvo a encontrar, con un poco de sorna. – ¡Tu maestra acaba de descubrir que sabés escribir!

– ¿Viste, mamá? Es que los maestros cuando se juntan, nomás se cuentan las cosas malas, me explica, sacudiendo la cabeza y con su mejor cara de adolescente incomprendido en un mundo de adultos medio idiotas.

viernes, 8 de mayo de 2009

Hijo mayor dixit

– ¡Qué linda que era!, dice, con su mejor cara de mujeriego empedernido pero romántico, mientras se queda pensando.

Y termina: "La verdad, no me acuerdo mucho de su cara, aunque sí me acuerdo que era tan pero tan linda"

(Se trataba de una bella congolesa como diez años más grande que él, a la que una tarde, mientras les hacían a los dos unos dreadlocks en una peluquería especializada en ello, no le pudo despegar los ojos de encima durante todo el tiempo que duró el trenzado).

lunes, 2 de febrero de 2009

¡Qué difícil!

Esto de ser suegra es todo un shock.

Sobre todo cuando una tiene dos hijos y cinco nueras.

lunes, 19 de enero de 2009

San Cannabis

San Canuto de Dinamarca, Knud den Hellige para los daneses, fue un rey de Dinamarca que vivió entre 1043 y 1086, apenas 43 años. Aunque para la época era bastante, el pobre rey murió antes de lo que le hubiera dado el físico, asesinado cerca del altar de una de las primeras iglesias del país. Cerca de ahí hoy hay otra un poco más imponente que lleva su nombre, donde además de sus huesos santificados, están enterrados algunos de los pocos reyes católicos que hubo por esas tierras, entre ellos el yerno de Carlos V.

El tío abuelo de San Canuto era Canuto el Grande, rey de Dinamarca, Inglaterra, Noruega y, como le gustaba decir a él, “algunos suecos” hasta que se murió. El Gran Canuto fue el rey más poderoso que alguna vez haya tenido el Norte, símbolo del poder de los vikingos en el primer cambio de milenio. El sobrino nieto no quería quedarse atrás y además de imponer un férreo aumento de la autoridad real en Dinamarca, donde hasta entonces los príncipes locales disponían de bastante autonomía, tenía todas las intenciones de volver a invadir Inglaterra para sacársela al rey inglés, un usurpador normando bastante conocido como Guillermo El Conquistador.

Mientras preparaba la invasión, se le rebelaron las tropas, los paisanos, los nobles y los parientes y le tendieron una emboscada en la iglesia de Sankt Albani, donde lo asesinaron sin demasiados miramientos junto con su hermano más chiquito. Al poco tiempo empezaron a correr rumores sobre ciertos sucesos que hoy algunos llamarían “milagros” y otros “cuentos del tío” y uno de los hermanos que sobrevivió convenció al Papa para que lo convirtiera en santo.

El caso es que hoy es el día de San Canuto y por esas filtraciones culturales que tiene la vida, en Madrid se festeja desde hace muchos años. San Canuto terminó siendo el patrón de los fumadores de porro y aunque medio desanimados por el frío y la humedad, los amantes del cannabis se reúnen hoy por toda España en una especie de fumata colectiva para pedir por su legalización.

Mientras tanto, un equipo de médicos forenses de Dinamarca, que parece no haberse enterado de la ocupación celestial de su antiguo rey, se ha dedicado a investigar sus despojos y ha llegado a la conclusión de que esos huesos de casi mil años posiblemente sean los de San Canuto y su hermano Benedicto. Lo notable es que descubrieron que el rey tenía solamente alrededor de 31 años cuando lo mataron. Es que fumar porro en el Cielo rejuvenece.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Cumpleaños


Hommage à la Belgique en Google:

Hoy es el cumpleaños de Magritte y Google se divierte poniéndolo en su logo. 110 años cumpliría hoy una de las dos o tres estrellas del Museo Real de Bellas Artes belga, que se está renovando a todo vapor para festejar a su artista preferido (y uno de los míos, también).

miércoles, 19 de noviembre de 2008

¿Será verdad?

"¡Mamá, qué tonta que sos!"

Escuchado dos veces en el mismo día, proveniente de distintos hijos.

(Se aprovechan que la madre anda medio distraída, los mocosos).

domingo, 9 de noviembre de 2008

Riget

Hay un libro que se llama 1001 Movies You Must See Before You Die que a lo mejor consigo que me regalen este año para Navidad, nomás para ver cuántas me faltan. Mirando la lista de 25 que aparece en el artículo de Wikipedia, supongo que es más o menos la mitad, lo mismo que me falta ver de esa lista de 25. Y 500 películas son un montón de películas, así que a la frecuencia con la que veo películas últimamente a lo mejor ni alcanzo, pero justo en estos días estoy viendo una de las 1001, aunque en realidad no es una película, sino una miniserie.

Riget es la miniserie más famosa de la historia de Dinamarca y está dirigida por el director de cine más original que haya nacido por ahí, Lars von Trier, uno de los grandes directores de cine europeo de la actualidad. Son 8 capítulos filmados en dos veces, los primeros 4 en el '94 y la segunda parte en el '97. Eso explica por qué no la ví antes: los dos estrenos fueron durante la Navidad en que cada uno de mis hijos tenía un año, época de la vida en que los padres tenemos nada más que tiempo para cuidar que no se maten mientras aprenden a caminar y se meten por todos lados y nada de nada para ver series por televisión.

Así que durante años escuché hablar maravillas de la bendita serie prometiéndome que algún día iba a ser. Lo bueno del atraso es que ahora la estamos viendo con los hijos, que ya alcanzaron la edad para ver una serie de horror sin morirse de miedo. Lo que sí, en lugar de verla toda de un golpe como uno hace cuando tiene todos los capítulos a mano, la estamos haciendo durar viendo sólo un capítulo por noche, acurrucados en el sofá, bien tapaditos y agarrados de la mano antes de ir a la cama, igual de muertos de miedo, pero de a cuatro.

El horror no es para nada uno de mis géneros favoritos pero esta serie es tan genial como lo cuenta su fama. "Riget" – en danés, El Reino – es el sobrenombre que se le da al hospital principal de Dinamarca, Rigshospitalet, el hospital del reino, con esa ironía de la que los daneses creen tener el monopolio. En realidad todo es una especie de pastiche, una serie de médicos, con ambulancias, guardias, médicos neuróticos y estresados, romances entre doctores y enfermeras, estudiantes robacadáveres y todos los detalles del tipo. Pero además es un cuento de miedo que se basa en el misterio que rodea al lugar sobre el que está construido el hospital, que incluye a una espiritista malcriada que al principio cae muy mal pero después despierta mucha ternura, los fantasmas del caso, los chirridos y crujidos necesarios, personajes siniestros, perturbadores u obsesivos y un ambiente bastante inquietante y atemorizador. Dicen que la gente que va al hospital después de haber visto El Reino no puede impedir sentir escalofríos y un cierto desasosiego. Yo seguro que no me animo ni a pisarlo.

Lo impresionante de la serie es la forma en la que está contada; como si fuera un chiste que da miedo, o una historia de miedo que da risa, un experimento sobre el miedo, el humor, las relaciones humanas, condimentada con un poco de sociología y, ya que estamos, economía de la salud. Todo en un ambiente color sepia, con los típicos movimientos de cámara del Dogma 95 que mi hijo mayor detesta pero algún día va a apreciar, con mucha economía de recursos y de plata y con un conjunto de actores impresionantes, entre los que se cuenta una pareja de mogólicos que trabajan de lavaplatos en los sótanos del hospital mientras hacen de relatores de la historia.

Hasta ahora ví nada más que los dos primeros capítulos, pero pareció ser suficiente para darme cuenta que la fama la tenía bien merecida y para seguirla desparramando. Lo único que hace que no la vea toda de una vez es que tendría que hacerlo sola y no me animo.

jueves, 30 de octubre de 2008

Efemérides

Raro día este. 25 años de mi primera vez, en una escuela que quedaba enfrente del Parque Rivadavia, el cuentakilómetros del auto que marca justo 100.000 kilómetros y una mañana llena de neblina helada que se cristaliza sobre el parabrisas.

domingo, 19 de octubre de 2008

Inventos para vagos

Mi amiga, la traductrice, me cuenta que existe un aparatito maravilloso llamado dictáfono, al que ella le habla mientras traduce un texto, y el aparatito va escribiendo. Me da una envidia bárbara el tal dictáfono y entonces pienso que un invento así es lo que yo necesito, aunque mejorado. No uno que escriba lo que digo, sino uno que vaya escribiendo lo que pienso. Mejor todavía, uno que sea resistente al agua y que pueda ir registrando todas las ideas fantásticas y las oraciones perfectas que se me ocurren mientras me baño, y que se me olvidan para siempre mientras me visto, me encremo y me perfumo en el camino de la ducha hasta el teclado de la compu.