martes, 11 de enero de 2011

El gallo seductor y la gallina coqueta

En mi casa de la infancia había un tocadiscos chiquito y 10 o 12 discos, algunos de los hermanos Ábalos, otros de Los Fronterizos, uno de los Beatles y dos de María Elena Walsh, supongo que comprados por la mamá maestra para sus nenas. Mi padre tocaba la guitarra y cantaba, pero la melómana era mi madre, que nos inflingía dosis extremas de música clásica vía una Radio Nacional que siempre llegaba chirriante por lo lejos que vivíamos.

En mi casa de la adultez, igual de lejos pero en la otra punta del mundo, hubo siempre el reproductor de música adecuado a los soportes de la época, que cuando mis nenes aprendían a hablar eran cassettes y CDs. La abuela, ahora maestra jubilada, les mandó toda la música y la literatura infantil que pudo para apoyar el proyecto de que aprendieran a hablar el castellano, entre ellos montones de discos y cuentos de María Elena Walsh.

Además de las canciones, lo que más nos divirtió fueron los limericks. Teníamos dos libritos llenos de ellos y a la noche, a la hora de dormir, yo se los leía haciendo voces raras. La mayoría trataba sobre animales que sabían hacer cosas y estaban repartidos por todo el mundo. Monos, llamas, jirafas y elefantes en aventuras desopilantes de la China al Ecuador.

Se los leí tantas veces que al final no me hacía falta leerlos, veía los dibujos y los recitaba de memoria. Y ahora después de tantos años, se me viene solo éste.

Parece que en Japón había un Mono,
Que dormía la siesta con kimono.
Que cosa rara es
decía un Japonés
ver a un Mono en kimono haciendo nono.

Aunque el que más me gustaba era éste

Un Gallo a una Gallina preguntó:
¿Cocorocó? ¿Cocorocó cocó?
la Gallina, indecisa,
primero le dio risa,
pero después le contestó que no.

Todos los sonidos forman parte de algun lenguaje y María Elena Walsh ayudó con sus versitos un poco surrealistas y su vocabulario riquísimo a enseñarles el idioma materno a dos nenes que se criaron inmersos en el idioma paterno. No fue tarea fácil y por eso se lo agradecemos.

2 comentarios:

Ulschmidt dijo...

lindos anécdotas los suyos !

guillermo dijo...

Qué vida lograda la de alguien que pudo ser tan significativa en el entendimiento del mundo que los rodeaba (al derecho y al revés), para dos o tres generaciones que convivieron con ella, y más que vendrán despues. La ví en Buenos Aires, debía ser al final de los 60s, haciendo su show en un teatro chico, creo que en la calle Maipú, sobre los ejecutivos, el jacarandá, Matías el Osito, y esas canciones. Nunca me voy a olvidar de ese momento. Lo poco que mis hijos aprendieron de castellano por mí fue cuando les ensenie "Manuelita", veinte anios despues. Como vos, le doy gracias.