lunes, 25 de febrero de 2008

Irreemplazables

–Usted es como mi marido; mejor no se consigue.

Eso era lo que yo a veces le decía, medio en chiste, medio en serio, a la señora que trabajaba en mi casa. Se lo decía casi siempre para mejorarle el ánimo cuando andaba un poco depre. Y casi siempre con buenos resultados. Al principio se quedaba un poco sorprendida, pero cuando se acostumbró se la veía esponjarse de felicidad. Aunque un poco cínico, sabía que era todo un reconocimiento, sobre todo por la comparación –también hay que aceptar que tenía cierta debilidad por mi marido.

Por suerte para ella, pero no para nosotros, nos dejó hace un par de meses. Pese a todos los intentos – y ya vamos por la segunda, camino a la tercera– no conseguimos reemplazarla. Los ataques de malhumor que nos dan cuando llegamos a casa y la encontramos sucia y desordenada nos sorprendieron a los cuatro, pero hablando con otra gente descubrimos que no somos nada raros.

Ay, espero que al marido no se le ocurra hacer lo mismo...

5 comentarios:

venusina dijo...

Me hiciste reír! Abrirle las puertas de tu casa a un extraño y encontrarte la casa desordenada cuando la intención era todo lo contrario es motivo de furia, no no están locos!
Saludos Ana.

Miroslav Panciutti dijo...

Me parece que voy a tener que empezar a seguir tu técnica adulatoria con la mujer que viene dos veces por semana a mi casa. Empiezo a intuir tendencias abandonistas que temo me declarará de golpe y sopetón, sin preaviso. Lo malo es que, pese a lo bien que lo hacías, no evitó la huída. Pocas esperanzas me dejas tras este post. Un beso.

El Mellizo dijo...

esperemos que no.
pequeños problemas domésticos de la gente moderna.

Pedro Martín dijo...

Yo voy a empezar con esa técnica con mi mujer, seguro que tengo igual resultado, total puedo limpiar y lavar.

Tu marido no se va de casa, no porque no tenga motivos, sino porque es un quilombo irse...y los viejos, ya no estamos para quilombos!!!

Excelente comentario Ana.

Alex dijo...

Te entiendo,después de mucho desesperar el viernes viene el reemplazo de la señora que trabajaba en casa.