jueves, 5 de julio de 2007

De migrantes y remesas

Las razones por las que la gente emigra son muchas y variadas. A las clásicas de “amor y guerra” se les suman las económicas, el deseo de tener una vida más desahogada en otro lado, y las aventureras, el deseo de tener una vida más interesante en otro lado. De todas maneras, y quizás por haber visto algunos casos, yo creo que aún las del amor y de la guerra tienen que ver con motivos materiales. Cuántas guerras que se desatan a causa del petróleo, de los diamantes o de algún otro recurso escaso, cuántos amores que terminan o no según sea más o menos el bienestar económico de los amantes. Sin ir más lejos, sin la hiperinflación en ciernes del año ’87 y el clima de caos del año '88, es bastante probable que mi atractivo marido danés se hubiera animado a quedarse en Buenos Aires, como era su intención por aquellos años.

Pero mientras que la migración por razones de amor o de guerra está más o menos permitida –casi todos los países, salvo excepciones, permiten el ingreso al cónyuge de un nativo y existen convenios internacionales que dejan acceder a los refugiados políticos– emigrar de un país pobre a uno rico nomás para tener la posibilidad de conseguir un trabajo mejor pago no está dentro de las reglas del juego.

De todas formas, hay gente que lo intenta. Las historias dramáticas de los mexicanos para entrar a los EE.UU. y las de los africanos desembarcando semidesnudos y muertos de frío en cualquier playa europea o ahogándose en el Mediterráneo, así lo demuestran. Y algunos países permiten más o menos esa inmigración ilegal, porque les soluciona algunos problemas de mercado de trabajo en el corto plazo.

Bruselas está llena de esos inmigrantes ilegales latinoamericanos. Montones de ecuatorianos (yo me pregunto: ¿quedará gente todavía en Ecuador?), pero también colombianos, peruanos, cubanos y hasta algunos argentinos se instalan sin permiso de residencia y, por ende, totalmente desprotegidos, a merced de las enfermedades, los accidentes, las casualidades, las razzias, la deportación, para trabajar como albañiles, cocineros, pintores o mozos, ellos, como empleadas domésticas o niñeras, ellas. Y siempre, siempre, arriesgándose a que un buen día los agarre la policía mientras vuelven a su casa en el tranvía, les haga pasar un buen susto y un maltrato y terminen en un avión, camino a casa, con la prohibición eterna de volver.

Las historias de muchos de ellos son terribles. En su país de origen quedan hijos chiquitos, padres ancianos, maridos abandonados o parásitos, hermanos o parientes que esperan salvarse gracias a los esfuerzos del emigrado. Y el emigrado se desloma, trabaja 10, 12 horas por día en algún trabajo insalubre o con horarios rarísimos para conseguir un ingreso equivalente a lo más bajo de la escala nativa, para mandarle más de la mitad a la familia que quedó allá, en parte porque lo necesitan, en parte para atenuar la culpa del abandono, en parte para poder demostrar que afuera les va mejor, sin posibilidades de ahorrar ni para el presente ni para la vejez y viviendo con lo justo en una precariedad y una inseguridad que a muchos nos costaría imaginar.

Dicen que esas remesas que los emigrantes del Tercer Mundo envían a sus familias son más útiles que cualquier ayuda oficial al desarrollo. Que sea así. El sacrificio de los emigrados se lo merecería.

16 comentarios:

e dijo...

gracias

Indigo dijo...

Mucho camino falta recorrer hasta que el hombre se de cuenta que todos habitamos la misma esfera, que somos parte del mismo ecosistema, y que no es fácil resignarse a tener menos derechos por nacer en tal o cual lugar.

El tema de la ilegalidad... bueno, es una cuestión de políticas, a todos les conviene.

Ulschmidt dijo...

Seguro que las remesas así remesadas son las mejor dirigidas! No lo dudo ni un segundo.
Los celestes imperios se cierran, construyen muros, los bárbaros los acechan y penetran. Es una ley universal.
Muy bueno su post.

Ana C. dijo...

E, ese "gracias" me hace imaginar de todo, gracias.

Y quizás nunca lo recorramos, Indigo. Las camisetas, las computadoras, los autos, el dinero y las ideas pueden moverse casi libremente pero la gente, no.

Posiblemente sea así, Ulschmidt. Quizás esas remesas sean la gota que horada la piedra del subdesarrollo y la pobreza. En los años que en España se conocen como Los Años del Desarrollo, las remesas de los emigrantes españoles en Alemania, Francia o Bélgica servían para equilibrar el Balance de Pagos.

ayjblog dijo...

asi es con las remesas Ana, pero, la unica razon de emigrar es el dinero, nada mas o nada menos que eso
desdelos indianos que volvian a España desde Cuba en los 1900 a los hijos nietos que completan el circulo y vuelven a Europa desde Argentina/Uruguay
y cuando hablo de dinero hablo de futuro

Alex dijo...

hay tantas clases de desarraigo pero el provocado por el dinero debe ser de los peores

ayjblog dijo...

alex
no se si sos emigrado, hijo o nieto, pero el decir eso hace pensar que tenes la panza llena y las expectativas cubiertas, no es un ataque ni mucho menos, si lo parece, disculpa, pero me parece completamente peyorativo el comentario.
Las razones de emigracion, salvo el riesgo de vida, son basicamente expectativas, y eso se llama en todos lados dinero, nada mas ni nada menos que eso, una vez que tenes el dinero, podes pensar en el sexo de los angeles, antes, no

Ana C. dijo...

Supongo que como con todo comportamiento humano, razones para emigrar debe haber miles, y pensar que todo el mundo sólo cambia de país por dinero es bastante limitante. Por otro lado, irse para conseguir un mejor nivel de vida en otro lado, o para poder ofrecérsela a los parientes, es una razón igual de válida que cualquier otra. Al final debe ser como todo, cuanto más básicas las necesidades, más básicas las respuestas.

Mi suegro me cuenta siempre que en la época de los vikingos, los daneses se iban a buscar mujeres a otros países y se las traían medio a la fuerza (eso es parte de la fantasía) para que la población fuera menos homogénea y más resistente a las enfermedades.

ayjblog dijo...

Ana
lo de su suegro es muy pero muy bueno, prevenir la endogamia, realmente muy bueno. Sino terminaban com los guepardos

volviendo al tema, mire, como hijo de inmigrantes, e inmigrante dentro de las diversas Argentinas varia veces, al fin del camino podran decirse muchas cosas, que las oportunidades, que el conocer, etc, pero, al fin del camino, es solo dinero, la escalera siempre funciona, despues buscamos la realizacion etc etc

Alex dijo...

ayjblog: no entendiste nada , sacaste conclusiones apresuradas y me prejuzgaste,pero no importa, todo bien, no tenés por qué conocerme

ayjblog dijo...

alex
si te parecio asi, mis disculpas, pero no lo vi apresurado

Alex dijo...

todo bien ya te dije

Cunilandia dijo...

Es un tema tristísimo, complejo y lleno de injusticias. En México, esas remesas, contribuyen a uno de los porcentajes más altos de ingreso de dinero a dicho país...escalofriante. Saludos

Lindahl dijo...

Ana, muy buen post, me tocó especialmente su último párrafo.

Lo suyo más que economía con rostro humano es humanismo con un poco de economía.

Ana C. dijo...

Es que el tema tiene muchos aspectos, Cuni, y uno de ellos realmente triste.

Lindahl, no me lo imaginaba tocado por estas cosas. Pero ¿por qué no? Y en este blog a la economía intentamos mantenerla a raya, pero a veces asoma su cabezota :-)

Lindahl dijo...

Ana, tiene razón, no soy migrante, pasa que a mi me puede la condición humana.

Mucha literatura, y tener dos hijas, compensan el lavado de cerebro de la economía...